miércoles 12 de mayo de 2010

Cambio de tornas, capítulo 1.

Fuego... ¡Fuego, fuego!

Es lo único que se veía entre las angostas calles de Athlum. La guardia de palacio junto a los recién llamados soldados propios de la más alta élite recorrían freneticamente cada palmo de las empedradas y mojadas calles de la fatídica ciudad.

- ¡MALDITA SEA, NO HA PODIDO EVAPORARSE, ENCONTRADLA, ENCONTRADLA, APRISA! - Bramaba el capitán de la guarnición, encargado ahora de la prioritaria e improvisada misión: Encontrar a la princesa. El capitán Ramos no paraba de pensar y escudriñar sus recuerdos en busca de algún fallo, por ínfimo que pudiese ser. Pero no, no lo encontraba. El protocolo de seguridad de Athlum había permanecido intacto durante décadas, sin que ninguna brecha pudiese haberlo puesto entredicho.

Era una velada como cualquier otra, reunión de la alta nobleza, los más destacados burgueses de la ciudad y por supuesto, la corte. A decir verdad la princesa era famosa dada su lascívica actitud. No se dejaba regir por lo politicamente correcto, por las apariencias. Hacía lo que quería, cuando quería, y con quién le placía. Esto último le había llevado en más de una ocasión a delicadas situaciones diplomáticas las cuáles sin embargo resolvió haciendo uso de aquello lo que le presentó el problema... Su pelo era negro azabache, largo, liso, lacio... Acariciarlo seguramente sería lo más parecido a acariciar las alas de un ángel. Su figura, vertiginosa, instaba a evadirse y soñar con la maravilla que supondría el perderse entre tan bien formados pechos, tan perfecta silueta, tan maravillante figura... Mirarla a los ojos era morir en vida, sucumbir al inigualable encanto de esos ojos, de mirada dulce, color miel, delineados constantemente con negras líneas las cuáles los estilizaban más aún. A decir verdad poco se podía decir de la princesa de Athlum, musa de innumerables personalidades de la poesía y teatro de la época. Era la belleza personificada, la perfección hecha mujer. Y la lujuria en manos de la más adecuada y a su vez menos recomendada persona.

Las posibilidades que se barajaban iban desde un secuestro de mano de algún degenerado o necesitado sexualmente hablando -Cosa harto improbable dada la seguridad del palacio.- hasta el acto del rapto de mano de un espía de algún país vecino en guerra, buen método para recaudar mucho dinero en poco tiempo, por descontadas las concesiones de tierras y demás menesteres que serían necesarios para la liberación de la princesa.

En la mente del capitán Ramos discurrían todas estas y más posibilidades. Las iba comentando con el general de guardia, de forma acelerada, dando órdenes de forma frenética a sus subordinados, aunque eso sí, siempre de forma planificada. Con la cabeza fría, aunque con el corazón ardiendo. A decir verdad el general Ramos siempre estuvo enamorado de la princesa. Y ella lo sabía, y lo utilizaba para su propio beneficio, beneficiándoselo precisamente para conseguir ciertos favores como su premeditada desatención durante algunas noches. Esto era contraproducente para el general, aunque sabía que de una forma u otra lo conseguiría, y lo que a cambio le ofrecía, aunque no tuviese compromiso alguno, ya era más de lo que él pudiese llegar a aspirar.

A decir verdad los únicos que la echarían en falta serían sus amantes, puesto que era arrogante, despótica, consentida, caprichosa... Vamos, una perla de persona. Pero adorada, anhelada y deseada por muchos, y muchas...


Entre tanto, una negra figura se movía rauda y veloz a traves del espeso follaje del bosque, que no sólo se desarrollaba en la copa de los árboles, ni mucho menos. Salida oeste; desde hace ya bastante tiempo el ala oeste del reino quedó descuidada, la culpable, la alianza, o más bien adhesión que sufrió el reino de Celapalais. La princesa no podía más que patalear, blasfemar y tratar en vano de zafarse de su raptor, el cuál sólo la dejó en el suelo al llegar a un claro, en medio del bosque. Sin ninguna señal de camino alguno. Todos borrados por el tiempo, encubiertos por la vegetación, iluminado ese pequeño círculo exhento de naturaleza por la luz de la nueva luna que en el cielo se alzaba, inmensa, inmaculada, preciosa.

El joven, ataviado con una larga gabardina de cuero, de la cuál prendían numerosas cadenas que al chocar entre sí y gracias a la suave brisa producían un leve tintineo muy característico. Ramitas y hojas secas cedían y daban sonido al pesado sonido de sus pasos. Sus botas podrían calificarse como mínimo de portentosas. Era dificil imaginar semejante habilidad y agilidad con ese tipo de calzado. Ella sin embargo iba con un largo vestido de noche, insinuante cuanto menos, con un enorme escote. A pesar de todo el trajín que ello suponía y como bien se citó con anterioridad, se desenvolvía perfectamente a pesar de tan fragil paquete.

- Estarás contento. Te acabas de condenar a la horca, o algo peor, patán... - La joven ladeó el rostro con el único fin de colocarse bien su flequillo, sin abandonar sus aires de grandeza. La reacción del joven no fue otra que lanzarse literalmente sobre ella, estampándola contra el árbol más próximo, extendiendo ambas manos y colocándolas a ambos lados de la cabecita de la princesa. - Creo que no estás precisamente en condición de negociar, y mucho menos de mostrarte con tu carácter habitual... Dafne...






- La princesa frunce el ceño, profundamente indignada, haciendo amago de golpear la entrepierna del joven con su rodilla, pero este la ve venir, deslizando la mano zurda hasta abajo, asiéndola por debajo de la rodilla, siendo él quien adelanta la rodilla diestra, dejándola entre las piernas de la evidenciada princesa. - Ándate con cuidado, pequeña. Y ahora vamos. - La cogió de la cintura, echándosela al hombro, cual saco de patatas, lo que hizo aumentar más aún la rabia e impotencia. - ¿Dónde coño me llevas? - Inquirió de mala gana, propinando una patada en la espalda del joven, quién cerró los ojos, deteniéndose en seco. - Vuelve a hacer algo así y te arrepentirás lo que queda de trayecto.

Ella, como era obvio, volvió a golpearlo, con más fuerza aún. La reacción de éste fue agacharse, tirándola hacia delante, dejándola caer sobre la empapada tierra, dejándose caer él también, de forma inquisitiva, apoyando una mano a la altura de su pecho, y la otra, en su pecho propiamente dicho. Una de las rodillas quedó entre las piernas de la joven, la otra quedó a un lado.

Le pesase a quien le pesase, el joven, era atractivo, es más, toda esa mala hostia e imperatividad era algo que llevaba mucho tiempo buscando pero que nunca nadie le había podido ofrecer a la pobre princesa, pues todos sucumbían a sus encantos y quedaban anulados y sometidos. Nadie le plantó cara ni la domó nunca. Ella trató de ocultar su gratificante sorpresa, mostrando enfado e indignación, ambos sentimientos falsos, abofeteando con fuerza al joven, el cuál no hizo más que esbozar una tétrica sonrisa. Pronto hundió el rostro en el cuello de la princesa, mordiéndolo con fuerza, alzando una de las rodillas y asiendo su pecho con fuerza. Ella no volvió a hacer amago de pegarle, sino que cerró el puño, apretando con fuerza la arena que entre su delicada mano quedó, evitando exhalar un suspiro. - Hijo de la gran puta... - Murmuró, con la voz entrecortada. Seguramente por el cansancio, no por ninguna otra cosa... O eso quería hacer aparentar. Mucho, mucho aparentar, pero Axel bien sabía con quién se las gastaba, y asimismo el como tratarla.


Se levantó despacio, tendiéndole la mano, aunque la orgullosa Dafne la rechazó, mirándolo con recelo y poniéndose en pie como buenamente pudo, cagándose en sus muertos por el desastre que había echo con su preciosísimo y caro vestido. Éste se tomó la libertad de tomarla por la cintura, andando a paso ligero. En cuanto ella volvió a hacer amago de gesto amenazador este remangó ligeramente, lo justo y necesario su gabardina, dejando ver un cinto repleto de todo tipo de armas blancas, que brillaron casi con la misma intensidad que con la que brillaron sus... ¿Colmillos? A la luz de la luna. Fue un detalle que sorprendió a la joven. A decir verdad los sintió bastante, quizás demasiado... Prefirió no darle mucha importancia. Durante el resto del camino ella permaneció reacia a entablar conversación o contacto visual, a pesar de que sintiese una enorme atracción por su persona, tan carismático y místico caracter y... Tal vez algo más.

No se demoraron mucho antes de quedar parados ante una imponente catedral de estilo gótico. Y... Sí, en medio del bosque... - Esta es la catedral de Elysion, princesita Dafne. - Esta vez no hizo amago ni de replicar pues estaba ensimismada en la oscura belleza que destilaba aquella magna construcción.

- Dios mío... Es... Precioso... ¿Pero qué coñ...? ¿Aquí, qué pasó, qué...? - El la calló comenzando a hablar. Al parecer no le molestaba tanto su presencia, ni el hecho de que hablase, le gustaba su voz, melosa, mística... - Es lo único que quedó tras una gran guerra entre Athlum y Celap... Bueno... - Se encogió de hombros, empujando la pesada verja que daba paso al enorme y tétrico jardín que anunciaba la entrada a tan imponente obra de arte. - No quiero aburrirte con historia. Pasa. - Pateó con desmedida fuerza y violencia el portón, que se abrió con un crujido. - Creo que le hace falta un poco de aceite. - Comentó, cerrando tras la joven, que entró, aún presa de toda la bellaza que irradiaba semejante obra.






- Quédate aquí. - Le susurró estando tras ella, habiendo llevado ambas manos a su vientre, dejando tras ese susurro en su oído una notable ausencia de calidez. Supuestamente debería de haber sentido su aliento, aunque no le dió demasiada importancia, aún estaba embelesada. Aunque no tardó mucho en salir de su asombro. - Eh... ¡Un momento, ¿Qué coño pinto aquí?! ¡Exijo inmediatamente que me saques de aquí, maldito lunático hijo de la gran...! - Un chasquido hizo iluminar toda la estancia en su totalidad. El techo, lleno de mosaicos y motivos propios del estilo de la estructura ensí era parcialmente iluminado por las escasas velas que aún quedaban en las lámparas de araña que del techo prendían.

Él, se encontraba recostado sobre el marmóreo altar. Mirándose las uñas. - ¿Qué, ya? - Inquirió con desdén, con un tono bastante borde. - ... ¿Qué quieres de mí...? - Al parecer comenzaba a resignarse. Le llegaba cierto olor, provenía del torreón. ¿Incienso? Se acercó a él, instintivamente, le pesase a quien le pesase... Le resultaba terriblemente tentador, a pesar de deber odiarlo como a pocos había odiado...


- ¿Alguna vez has oído la expresión "Darse un baño de sangre" o "Bañarse en sangre"? - Preguntó de forma retórica, refiriéndose a las típicas consignas de fervientes guerreros en el campo de batalla. - Pues yo te propongo eso mismo, aunque sin una connotación violenta... O no tanto. En el amplio sentido de la expresión, literalmente, vamos. - Sonrió de medio lado, dejando ver su colmillo. Ella tragó saliva de forma precipitada, cuando se quiso dar cuenta el vampiro la había cogido en brazos, habiendo comenzado a bajar por unas maltrechas y metálicas escaleras de caracol. Abajo, tras una gruesa puerta de madera se extendía un largo pasillo empedrado con antorchas cada metro y medio. Parecía ser como si a Axel no le agradase en exceso la luz. Poco a poco comenzaba la muchacha a entender dónde se había metido. En cierto modo le gustaba, le tentaba... En otro, aunque en menor medida, le asustaba.


Al llegar a la segunda y última puerta ya se podía notar un dulzón aroma. Entró, dejándola recostada sobre un sillón revestido de rojo cuero. La enorme habitación estaba decorada con muebles de época, un par de sillones, un sofá y poco más a decir verdad. Tenía aspecto de no haber sido usada en mucho tiempo. Lo que más llamaba la atención, de lejos, era el centro de la estancia, una especie de improvisada piscina repleta a rebosar de un extraño líquido rojizo... No podía ser verdad... Aquello no podía estar ocurriendo, no... No, definitivamente no.

Axel se acercó a una polvorienta estantería, de la que cogió una metálica cajita. - Ve desnudándote. - Ordena, imperativo. Ella arquea una ceja, incrédula, echándose a reír poco después. - Oh, por favor... ¿Realmente pretendes... Que...? - Poco a poco su voz se ve silenciada por la cercanía del vampiro, quien inexplicablemente pasó de un extremo al otro de la habitación en cero coma. - He dicho, que te desnudes... - En esa ocasión su voz tornó oscura, amenazante. Ella no pudo articular palabra, se limitó a escupirle a la cara, algo que desató su ira, aferrando con la diestra el costado de la joven, tirando con desmedida fuerza para arrancarle el vestido, literalmente. La reacción de la muchacha fue el de cubrirse los pechos, pese a aún llevar ropa interior. Ropa de la que también despojó, aunque en esta ocasión algo más exhaltado, ayudándose de sus perfectos colmillos, habiendo asido las muñecas de la muchacha con sus propias manos y habiéndolas puesto contra la pared. - Shhh... Si buscas respuestas en aguas revueltas te puedes ahogar... - Susurró al ver como iba a preguntar lo que el suponía.



Las mejillas de la princesa Dafne tornaron rosadas, ladeó el rostro, mirando hacia otro lado al ver como Axel esbozaba una lascívica sonrisa. Efectivamente, los pezones de la princesa estaban erectos, y no era por el frío de la estancia precisamente, ya que al tratarse de un sótano y haber vegetación encima el clima y temperatura era bastante agradable y propicio...

- Vaya, vaya, vaya... Así es que actuo en contra de tu voluntad, ¿Verdad, Dafne?

- Princesa Dafne para ti, escoria... - Respondió aún con la mirada desviada, aunque no por mucho tiempo, ya que Axel tomó su barbilla entre los dedos pulgar e índice de su mano zurda, estableciendo contacto visual. - Tu lengua dice una cosa, pero tu cuerpo dice otra...

- Tengo frío... - Susurró, tragando saliva de forma precipitada.

- ¿Seguro...? - Sonrió de medio lado, llevando la mano libre a su pecho, acariciándolo despacio, con el dorso de la mano, haciéndola estremecer.

- Estate quieto... Es frío, bastardo...

- Vamos a verlo. - Su sonrisa se hizo más amplia aún, dejando que los rayos de la luna que se colaban por una de las escuetas ventanas del lugar reflejasen sobre sus colmillos, ahora sí, más que visibles y patentes. - Aprovecha, pues no serán muchas las veces que me veas postrado ante ti, sea cuál sea el menester por el que lo haga... - Se deslizó despacio, hacia abajo, clavando ambas rodillas en el frío suelo, deslizando las manos por todo el costado de la princesa, dejando una suave e insinuante caricia tras estas hasta al fin llegar a su cintura, asiendo su ropa interior, negra, de encaje con dos dedos por mano. La princesa cruzó las piernas de inmediato, como acto reflejo, mordiéndose el labio inferior, algo de lo que se percató Axel, y de lo que ella tomó consciencia demasiado tarde.

- Abre las piernas. - Vuelve a ordenar el vampiro, imperativo.

- Há... ¿Es una advertencia...? - Dice con prepotencia y aires de grandeza.

- No, es una amenaza. - Una tétrica sonrisa se dibuja en su rostro, haciéndola volver a morderse el labio, abriendo las piernas, resignada. Sintiendo el como poco a poco la única prenda que la vestía caía, empapada, en el suelo.

- Ahá... Así es que... ¿Frío, verdad...? - Dafne frunció el ceño, mitad indignada, mitad avergonzada, extendiendo una de las piernas con el fin de patearle la boca, aunque nuevamente, el vapiro reaccionó a tiempo, asiendo su tobillo y manteniendo la pierna en alto, alzándose y colocando su rodilla sobre su desnudo sexo, apretándola con saña, haciéndola alzar la testa, y no de dolor precisamente. - O te moderas... O te modero. ¿Comprendes?

Ella le mira con patente odio y rencor. - Me las acabarás pagando, hijo de perra... ¿Se puede saber qué coño quieres de mí...?

- Es simple, princesa. Quiero bajarte esos humos, esos aires de grandeza. - Se desvistió con exquisita sutileza y gran sensualidad, tirando a un lado tanto su gabardina, como pantalones, como camiseta y ropa interior. - Exijo venganza, aunque no en el estricto sentido de la palabra. Verás... - La cogió en brazos nuevamente, esta vez ni hizo amago de evitarlo. Se dirigió hacia los escalones que llevaban al fondo de la improvisada piscina, no tendría más de metro y medio de profundidad. Una vez dentro, la dejó en el suelo. Ella cerró los ojos, embriagada por el aroma de la sangre, por la situación vivida.

- Mi padre fue una de las víctimas de tus encantos... Y lo mataste, de desconsuelo. Él no se lo merecía, él era mi viva imagen. Él sabía que lo deseabas, pero aún así, lo hiciste vivir un auténtico tormento... Que le llevó a quitarse la vida por mostrarte cuanto te amaba. - Durante su discurso la había puesto contra una pared, deslizando la diestra hacia una especie de interruptor, el cuál pilló de sorpresa a la joven pues sintió como un chorro de aquel preciado líquido comenzaba a salir a una presión bastante considerable de un pequeño agujero habilitado en la pared. Él la tomó de los hombros, volteándola y dejándola de cara a la pared, ayudándose de su propio cuerpo para dejarla pegada a la pared. Dejando que el incesante fluir de la sangre golpease y produjese un constante roce con su sexo. Haciéndole imposible a la princesa reprimir un gemido que destilaba placer y ganas de más, sintiendo sus piernas flaquear, aunque asida por las axilas del vampiro.

- Y por qué me haces esto... - Dijo entre gemidos.

- Considero que lo apropiado, princesa... Es que pruebes tu propia medicina... - Mordió nuevamente su cuello, aún sin romper su delicada, tersa y suave piel, deleitándose con su aroma, mezclado ahora con el de la sangre. Posó tras eso una mano en su vientre, la otra en su nuca, haciéndola sacar a relucir su perfecto trasero, sobre el cuál pronto pudo sentir la excitación y ganas del vampiro. - Y ten por segura que cuando salgas de aquí, si esque sales... Habrás aprendido una valiosa lección...

- Que te den... - Gime. Echandose un poco más hacia atrás, de forma inconsciente, buscando el contacto con el joven.

- ¿No crees que resulta un poco paradójico eso que acabas de decir...? - Sonrió ampliamente, echándose sobre ella, aferrando sus pechos, apretándolos, presionando y pellizcando sus pezones, llevando a su vez su palpitante miembro hasta la vagina de la princesa, sin posibilidad aún de darle el placer que tanto ansiaba y buscaba, pero recreándose y rozándose con ella, dándole a entender -Más aún si cabía.- toda su excitación y además, el conocimiento de que no todo sería tan fácil...

lunes 15 de febrero de 2010

Tributo

La luz es ténue, débil, pero aún así es suficiente como para poder vislumbrar con mediana claridad la perfección que se apodera de lo que ante mi y -Presumiblemente.- para mi yace: La perfección personificada. Cuán bello... Cuán frágil... Cuán hermoso... Muchos son los calificativos que podrían ceñirse a tan magno evento como representa el asistir a la presencia de la desnudez de tu cuerpo...





Pero pocos, muy pocos, al del inimaginable e inconmensurable acto de poder notar su calidez, poder sentir su cercanía, poder probar su sabor, su textura... Por dónde podría yo empezar a describir lo que para muchos sería una mera y afrodisíaca estampa con la que yo, sin embargo tendría para escribir cientos y cientos de líneas dedicados a esa efímera y bella imagen.


Generalizando, cabe destacar la tersura y desmesurada suavidad de la que su piel es propietaria, el cariño que destila tu ser en cada caricia, el afecto que dejas sentir, centímetro a centímetro, cada vez que nuestras pieles se rozan, produciendo esa reacción ya por ti conocida, que de diversas formas puede manifestarse: Bien basándose en una forma más bien agresiva e inquisitiva, con el fin de abarcar más de lo que esas caricias me propician de por sí, o bien a modo de resignación, como dando a entender una especie de amago de rendición, momento en el que para mi desgracia tus caricias, gestos e insinuaciones se vuelven más patentes y para más inri ya a esas alturas mi dañado y mermado autocontrol no harían más que intensificar los efectos que tú buscas producir, bien para hacerte desear, bien para buscar un final, bien para quién sabe qué, pero siempre, absolutamente siempre, disfrutando de la transición de una intención a otra.


En esos momentos, empiezo por perderme en uno de los más idílicos lugares que tu cuerpo me brinda: Tus labios. Su siempre dulce y cálido roce me evade y ayuda a olvidar, cada beso es como para un enfermo terminal una bocanada de aire, un soplo de vida, un instante más el cuál recordar por siempre, para guardarlo en la posteridad, para luchar contra quienes banalizan el echo de besar a su pareja, compañerx o lo que sea. Es la mejor droga, consigue el mejor efectos de todos y además es libre de azúcar y nicotina. Su único defecto, los efectos secundarios...







Pese a no llevar los componentes propios y normales de las drogas comunes -Legales o no.-, es sin ningún género de dudas la más adictiva, la más buscada, la más deseada. Y no hablamos de la "dama blanca", sino de la Dama Negra, a la que egoistamente -Y tal vez falsamente.- considero como mía, no como propia, sino como mía. Mi luz y mi sombra, mi calma y mi tempestad...


Es impensable aplacar la soledad que, acrecentada por la ausencia de esos mismos besos invade a servidor sin recordar cada instante vivido, añorando y anhelando su próxima repetición...



Sinceramente, pretendía hacer de eso un texto bonito, y la razón por la que no seguiré es que solo, unica y exclusivamente me vale a modo de apertura, de la nueva apertura de la web, pues el domino caducó. Cada vez que leo mis viejos escritos me doy cuenta de lo patéticos que son, aunque bien mirado eso significa que evoluciono en mi lírica, de modo qué... Tendré que recuperar el espíritu de antaño y escribir lo máximo posible.

miércoles 6 de enero de 2010

En mi contínua búsqueda...

Él estaba sentado cuando ella irrumpió en la habitación. - Oh... Estaba tomandome un té, ¿Quiere?

- Ah, sí, por qué no... - Respondió encogiéndose de hombros, sentándose en su regazo, sonriente.

- Lo único es que... Es un té especial... - Comentó haciéndose el interesante, atusándose la barbilla.

- ¿Ah sí...? - Sonrió ampliamente, siguiéndole el juego. - ¿Qué tipo de té es?

- Es muy especial... Es un... - Quedó pensativo largo rato. - Té... Quiero, Té... Deseo, Té... Ansío, Té...deliro, Té... devoro, Té... Desespero... - Él ya había depositado sus manos en la cintura de la joven, llevando los labios al cuello de la que era su princesita, besándolo suavemente, entre susurros. - Té... Mato... ¿Le gusta el té?

-Ella, que hacía ya rato que había cerrado los ojos y había aferrado con fuerza su vestido asintió suavemente, extasiada por el ambiente que reinaba en el cuarto, frente a la chimenea, por su olor, por su tacto...

- Acabaria con un... Tomándo... Te...

- Ella echó la cabeza hacia atrás, exhalando un profundo suspiro. - Sí... Creo que me imagino el resto, querido... Queriéndo... Te, Deseando... Te, Ansiando... Te, Delirando... Te...

- Él sonrió de medio lado; las manos que aún permanecían en la cintura de la chica pronto buscaron un nuevo recorrido, cada una a lo suyo, destinos opuestos, pero igualmente placenteros. - Te quedó algo, princesa...

- ¿Ah sí...? Ilumíname... - Sus ojos destilaban deseo, sus gestos evocaban a la locura y su pálida tez hacía ya tiempo que había tornado rosada por las caricias del joven, correspondidas en todo momento por suspiros, gemidos, y gestos tan representativos como el morder sus carnosos labios, su labio inferior, con ganas, con deseo... Él no la veía, aunque tampoco le hacía falta, su entrecortada respiración ya lo decía todo. - Vamos... Dímelo...


Éste la cogió en brazos, dando un par de pasos hasta alcanzar a dejarla sobre la cama, tirándose sobre ella cual cazador aborda a su presa. Llevo los labios al lóbulo de la oreja de su princesa, mordiéndolo y tirando de el con sumo cuidado. - Dominando... Té... ¿A que no se imaginaba lo que se podía hacer con el té...?




Texto del 23 de Enero del 2009. Este es uno de los borradores que jamás publiqué por falta de ganas, entusiasmo o apoyo. Aún quedan muchos, muchos más, y espero publicarlos antes del cierre de la web, previsto para el día 29 de Enero de 2009, que es cuando caduca el dominio relatosds.com


[...]


En mi contínua búsqueda de la perfección me hago daño a mí mismo, me alegro de no encontrar la perfección. El día que la encuentre me habré defraudado.

miércoles 16 de diciembre de 2009

Adiós

Finalmente, y tras tanto tiempo de reflexión creo que al fin senté cabeza. Dentro de poco caducará el dominio relatosds.com, en el que tantísimas ilusiones puse hace ya casi un año desde su creación y puesta en marcha. El que el flujo de visitas se haya deteriorado no ha sido un handicap a tener en cuenta a la hora del cierre, ya que en otras webs en las que he colgado mis relatos sí que he visto una gran aceptación. Pero aquí, ni visitas, ni comentarios, ni críticas, ni nada.

Este domingo será publicado mi último relato, el que considero mi obra maestra, y el que va dedicado a la persona más especial de mi mundo.



Una vez cumplido mi último cometido, esta página no será más que una mera redirección hacia mi foro, dónde seguirán colgados todos los relatos y donde también publícare los numerosísimos borradores llenos de ideas, situaciones y demás menesteres que esperaban convertirse en algún brillante texto pero que dado mi desánimo, nunca llegaron ni llegarán a ver la luz, espero al menos le sirva a alguien.




Saludos.

lunes 5 de octubre de 2009

EASP

Capítulo 1



Reyson salió de la sala de profesores con su correspondiente carpeta. Tecnica y esteticamente igual que la del resto de profesores, aunque tanto él como la junta directiva bien sabían que no era así. Llegó un cuarto de hora antes a la clase, ultimando los numerosos micrófonos y eventuales cámaras de seguridad que el protocolo exigía se colocasen para llevar un exhaustivo control de los allí reunidos alumnos. Reyson había sido elegido no por casualidad, puesto que ya trabajaba en un organismo oficial, sino por sus dotes ya demostradas empiricamente como medium. Un alto poder mental el cuál sin ningún género de dudas le ayudaría para mantener a ralla a los que serían su próximo reto de investigación.


De esa clase, la cuál constaba de unos veinte alumnos, tres serían los elegidos para pasar a la fase beta del nuevo proyecto. Pronto se vieron entrar los primeros alumnos; a simple vista no revestían ninguna anomalía, sin embargo, Reyson quedaba cada vez más absorto y asombrado al leer las fichas de todos y cada uno de sus alumnos. Finalmente la campana sonó, estando la clase llena casi en su totalidad.

- Bueno... - Susurró poniéndose en pie, llevando ambas manos tras su nuca, tratando de dar a entender que la clase tendría un aire informal puesto que lo que pretendía es que ellos se mostrasen y desarrollasen con la mayor libertad posible. - Hoy saldréis uno por uno a la pizarra para explicar un poco el cómo llegásteis aquí y el porqué os delegaron a la clase especial, ¿Qué os parece? - Comentó esbozando en todo momento una afable y por qué no decirlo, falsa sonrisa.


Reyson


Selena se quedó en su sitio de la segunda fila impasible ante las palabras de su nuevo profesor. La situación no era nueva para ella, ya había sido nueva en otras clases, en otras escuelas y con gente "normal".

El profesor quedó observando con especial atención -Y dejando de lado a la bella Selena.- a un muchacho situado en una de las esquinas, alejado de los demás. En su zurda portaba un montón de papelitos con frases cortas y concisas tales como "Trata de no hablar en voz alta a menos que te pregunten algo concreto" o "Dile a Wrath que no pasee por clase". No miraba a la ventana, miraba sus zapatillas, moviendo una a la vez que movía los músculos de la mandíbula, como si estuviese hablando con cada uno de ellos.

- A ver... Empieza tú, esto... - Se detuvo momentáneamente a mirar la lista de asistencia, buscándolo con su respectiva foto. - Eh... ¿W... Wrath...? ¿Qué demonios? ¿Cuál es tu nombre? - Dijo arqueando una ceja, notablemente desconcertado, pues habían tachado el nombre con rotulador y habían escrito con una pésima caligrafía "Wrath" encima, aunque lo más desconcertante no fue eso, sino el hecho de que... Reyson no había soltado la hoja desde que la cogió por la mañana temprano, recién imprimida.

- Claro, profesor... - Susurra casi. - Ven aquí Wrath... Vamos a conocer a nuestros compañeros... - Dice en esta ocasión para sí mismo.

Selena desvió la mirada al joven y le observó con curiosidad. Era triste, pero había visto más de un caso como esos, y de antemano ya se imaginaba como acabaría.

El profesor por su parte contempló con cierta preocupación y ápice de entusiasmo el historial y expediente de su alumno. - Vaya, tu primer día de clase y ya haciendo gamberradas, ¿Eh? - Murmuró con una gran sonrisa, sin acritud. Su preocupación fue en aumento cuando contempló la respuesta del joven: "Esque mi nombre estaba mal, a Wrath le gusta que siempre aparezca su nombre..."


Alan




- Esto... Ya, supongo... Pero aquí en clase hemos de saber tu nombre, no el de tu... Eh... - Amigo. - Le atajó con una mirada de profundo odio y rencor, parecía ser que era una especie de insulto que cuestionasen la existencialidad de Wrath. Tras eso se colocó frente a la pizarra, dando la espalda a la clase.

Selena se quedó patidifusa ante aquella respuesta, al final no sería ella la única "rara" de por allí. Aunque no era capaz de echar a reír como sus compañeros de clase. Aunque pensándolo bien, allí todos y cada uno de ellos tenía su porqué de su allí presencia, aunque a decir verdad ella no sabía a ciencia cierta cuál sería exactamente su motivo...

Entre tanto, Alan cerró los ojos ante las numerosas risas de sus compañeros. - Tranquilo Wrath... No se ríen de ti. No, no, ¡No no no! No es necesario que les pegues... Con el tiempo aprenderán a respetar al prójimo ya lo verás... Te digo que no, no son tontos, no lo volverán a hacer...

La preocupación de Reyson iba en aumento, sin saber muy bien como reaccionar, pues lo decía en un tono más que audible para el resto de la clase. - Esto... Alan, cíñete a comentar lo que te he pedido, por favor, y da la cara a la clase... - Esque a Wrath no le gusta estar contra la pared, profesor... - Susurró, dándose la vuelta, con cierto tembleque en sus extremidades.

- ¡Me llamo Alan tengo 16 años mis padres murieron en un experimento en fase beta y sufro ciertas alomanías no identificadas! - Esto último lo enunció terriblemente rápido, con pánico en la voz, yendo a su sitio tras eso, sentándose inmediatamente.


Selena le miró sorprendida - "Él también?..." - Se preguntó mirándole tristemente. - Pobre...- murmuró por lo bajo.

- Esto... Vaya... Bueno, hablaré contigo más tarde si no te importa, Alan... Esto a ver ahora... - Miró hacia su alrededor, fijando tras eso la mirada en la lista de asistencia. A decir verdad todos parecían más o menos "normales", sólo esperaba que no todos fuesen como Alan. - Esto... ¿Selena, está Selena presente? - Musistó con cierto deje de nerviosismo el cuál trató de paliar como buenamente pudo, mirando altivo a la clase en general.


Selena se levantó tranquilamente y caminó hacia la tarima - Mi nombre es Selena Staris, tengo 16 años y fui trasladada por mudanza. - respuenta sencilla, breve y que dentro de lo que cabía no era mentira pues venía de otra ciudad. - ¿Algo más profesor? - preguntó al maestro sin apartar la mirada del fondo de la clase.

Reyson arqueó una ceja, pensativo. - Así está bien, Selena, gracias. - Volvió a desviar la mirada, observando como nuevamente Alan volvía a hablar consigo mismo, dándole un codazo al aire. - Mirala que guapa eh Wrath, tan sencilla, educada, obediente... Ya podrías aprender y ser tú igual. - Le reprochó, maldiciendo por lo bajo pero nuevamente, lo suficientemente alto como para que todos lo oyesen. Reyson no pudo más que echarse una mano a la cara, suspirando.

Selena caminó tranquilamente hasta su sitio. Su larga melena dorada ondeba en el aire desprendiendo un extraño deje de sensualidad al intentar algunos mechones enredarse en las curvas de su cuerpo de mujer ya formado, a diferencia de otras de sus compañeras.

Reyson no pudo evitar el dejar gran parte de su atención en esos momentos en la que en ese momento consideraba perfección personificada, Selena. Los siguientes minutos no fueron mas que una sucesión de estúpidas preguntas de unos compañeros a otros, risas tontas y algún que otro comentario de Alan los cuáles rompían con la normalidad de la clase.

- Bien, es hora de ir al recreo, Alan, Selena y Astor, vosotros tenéis que quedaros aquí y rellenar algo, iré hablando uno por uno con vosotros, según la evalucación resultante de esos test... Bueno, ahora os comentaré, ¡Todos los demás al recreo, vamos! - A Wrath no le gusta quedarse sin recreo, profesor... - Susurró con un tétrico y oscuro tono de voz, cargado del más profundo resentimiento que jamás hubiese podido oír. - Ah... Esto... No te preocupes, serán cinco minutos, Alan, después tú y... ¿Guáh era? Podréis salir al recreo...

¡¿CÓMO LO HAS LLAMADO MALDITO HIJO DE LA GRAN PUTA?! - Bramó Alan, totalmente colérico, cogiendo un boli cualquiera y dando un salto con pasmosa agilidad, lanzándosele al cuello literalmente. - ¡A WRATH NO LE GUSTA QUE LO CONFUNDAN!

Selena caminó tranquilamente y tomó la muñeca de su compañero - ¿Puedes tranquilizarte? No hace flata montar un numerito. Ahora saldremos. - dicho ésto le soltó la muñeca tranquilamente.

Wrath quedó mirándola a los ojos, algo cohibido, tragó saliba de forma precipitada y lo soltó, aún ensimismado en los ojos de Selena. Reyson, por su parte, bastante achantado se echó hacia atrás unos pasos

Reyson no sabía como demonios podría tener semejante fuerza un criajo de tan solo 16 años, sea como fuere, Alan asintió despacio, sonriéndola y soltándolo. - Eh sí claro, claro...

- ¿Ves? Así mejor. - Selena suspiró y miró a su profesor Reyson - Díganos, ¿sucede algo?

- Habéis sido escogidos dado vuestro alto poder de concentración, presuponiendo que esto podría ser aplicable a la detección de seísmos, raras enfermedades y un sinfín de aplicaciones médicas y civiles las cuáles sin ningún género de dudas harían un gran bien a la sociedad, es por ello por lo que estáis en una clase aparte, para recibir una formación adecuada a vuestro nivel intelectual y físico, por eso quiero...

Reyson cogió un par de folios, dejando una copia de estos en cada una de las tres mesas que había frente a la del profesor. - Por favor, tomad asiento y rellenadlo.


Selena tomó el folio y lo rellenó con exactitud sobre lo que conocía de ella. al ser virgen desconocía la capacidad especial que su cuerpo tenía para procurar placer a cualquier ser vivo.

Reyson recogió los impresos una vez estuvieron todos cumplimentados. A decir verdad los de los dos chicos los examinó rápido, sin prestar mucha atención, y no porque no fueran precisamente interesantes, la verdad. - Alan, Astor, eh... Wrath, podéis iros. - Estos dos marcharon inmediatamente, cerrando tras de sí.





Selena







Selena le entregó su impreso al profesor. - ¿Hay algo incorrecto, señor?

No, no, para nada. Es sólo que... - Nuevamente quedó mirando su cuerpo, de arriba a abajo y de forma más que descarada, totalmente absorto por ese quién sabe qué el cuál la chica desprendía. - Según tu expediente, me temo que deberías de... Bueno, han de impartirte clases particulares, tu nivel psíquico no alcanza a la media de la clase, a pesar de que supere al de la media normal y corriente...

Era obvio que mentía como un bellaco ya que tanto si era de una forma como si era de otra, todos allí tenían algo que los hacía diferentes, y él creía haber encontrado lo que ella tenía, simple y llanamente quería verificarlo de forma empírica.

- Y es por eso por lo que me gustaría ser yo mismo quien llevase y tomase en cuenta tus progresos, si no te importa, claro está... - Comentó sentándose en su sillón, sonriendo de medio lado.

- Comprendo. - asintió - ¿Cuándo dice que serán dichas clases? Sólo espero que no disminuya mi rendimiento en clase, quiero mantener una buena media.

El horario es totalmente flexible, supongo que pueden ser antes o después de clases, y no te preocupes, en todo caso se trata de que tu rendimiento aumente, claro está... - No podía evitar el desnudarla con la mirada, mordiéndose el labio inferior de forma disimulada, cerrando los ojos eventualmente, tratando de calmarse.

- De acuerdo, si quiere podemos empezar mañana por la tarde. Llegué hoy justa para la clase y tengo que deshacer el equipaje.
Sin problemas, sin problemas... - Esbozó media sonrisa, alzándose y abriéndole la puerta para que pudiese salir. - Que lo pases bien en el recreo con tus amigos. - Dijo sonriendo.

- Gracias, profesor. La misma buena para usted. - le respondió cortesmente alejándose lentamente.




Capítulo 2.




Reyson había traído una enorme televisión con su correspondiente reproductor de dvd, así mismo como una ingente cantidad de dvd's, al parecer ese día no tenía muchas ganas de explicar, o más bien trataba de planear algo ajeno a su teoricamente deber.

- Buenos días a todos, chicos, chicas... Wrath. - Alan esbozó una tétrica sonrisa, asintiendo despacio, el sadismo se personificó en su sonrisa.

- Hoy vamos a ver unos vídeos donde podréis ver cuál será vuestra futura profesión, dependiendo de vuestros resultados académicos aspiraréis a uno u otros puestos, es por ello por lo cuál os pido que prestéis mucha atención a estos entretenidos vídeos, en cada uno de los dvds, de 10 minutos cada uno explican de forma concisa y clara cada una de las profesiones, pros, contras y salario aproximado. - Comentó Reyson. Tras la explicación cogió el primer DVD, uno que sin ningún género de dudas gustaría a la mayoría de los varones allí presentes. "Soldado de combate", rezaba la etiqueta de dicho DVD, lo colocó y mientras cargaba apagó las luces.

En este primer DVD se mostraban unos prototipos de lucha y comunicaciones basados en las ondas cerebrales capaces de emitir alguien bien entrenado, así como el hostigamiento psicológico al enemigo. Altísima remuneración, bajos riesgos, pues no eran tropas de meleé ni avanzadilla, y 4 meses de descanso al año.

Selena, entre tanto miraba con semblante serio el video aunque en el fondo se aburría como una ostra y deseaba que terminase todo aquello YA.

Una sucesión de vídeos y vitoreamientos por parte de los "machos" del lugar se fueron sucediendo, las chicas también se emocionaban lo suyo con las profesiones clasificadas como para ellas, tales como podía ser la medicina -Aplicada a seres humanos o animales-, enseñanza, etcétera. Entre tanto, Astor pegó el pupitre al de Selena, sonriendo ampliamente y susurrando: - ¿No te importa que me ponga aquí, verdad? - Era un chaval no muy alto, de 1,75 a lo sumo, moreno y de negros ojos, iba rapado, aunque no por gusto precisamente y por más que le preguntaban, jamás soltaba prenda acerca del porqué.



Astor




Reyson, entre tanto iba echando unas gotas a todas y cada una de las fiambreras que allí les preparaban, pues tanto la comida como la bebida se les suministraba en el centro educativo. Alan miró de reojo a Astor; lo cierto es que comenzaba a cogerle bastante manía. Una vez las luces se encendieron y el profesor dió 10 minutos de descanso entre clase y clase, Alan, o más bien Wrath se acercó de forma decidida hasta Astor, cogiéndolo de la pechera y alzándolo un par de palmos del suelo sin mostrar ni un ápice de dificultad para ello. - Como Wrath vuelva a verte acercarte a ella... - No pudo terminar la frase, puesto que su interlocutor golpeó con desmedida fuerza el pecho de Alan con su propia cabeza, echando a correr tras eso, quién sabe a dónde.

- ¡EH, ASTOR, DETENTE! - Bramó el profesor, alternando la mirada entre la alborotada clase y la salida de esta. - Oh joder, joder, joder... ¡Selena, te quedas a cargo de todo! - *Acto seguido echó a correr tras Astor.

Selena sentía tanta indifencia por una como por otras, ella lo que quería era la enseñanza. Le gustaba ese tema de ser profesora y ayudar a otros que también tenían habilidades extrañas. Selena se quedó totalmente petrificada ante la situación - PEro qué de... Alan, ¿Por qué has hecho eso? - La joven suspiró - Debs intentar llevarte bien con tus compañeres.

- A Wrath no le gusta que se acerquen a ti con intenciones impuras... - Murmuró tratando de levantarse, con la respiración ciertamente entrecortada y las pulsaciones por las nubes, rojo, colérico. - Cuándo pille a ese maldito... - Enmudeció al ver al profesor entrar, al parecer por la mañana temprano tuvieron unas palabras y había algo más que destacar, una pequeña pulsera con un par de lucecitas parpadeantes.

- Bueno... Selena, gracias por cuidar... De... La clase... - Dijo con patente desdén, pues todos seguían campando a su libre antojo, destrozando cuanto encontraban a su paso. Reyson cogió su libreta, anotando algo que quedó lo suficientemente a la vista como para que cualquiera pudiese leerlo, descuidao suyo, seguramente. "Aplicar pulseras de contención de manera generalizada."

Selena agachó la cabeza y se sentó maldiciendo todo lo maldecible.

Reyson volvió a poner el DVD en marcha con los únicos y últimos 3 episodios de tan "entretenida" saga. Al acabar tocó el turno de ruegos y preguntas, aunque obligado, puesto que el profesor iba señalando uno por uno a los alumnos para que les fuesen diciendo cuáles eran los trabajos que más les habían llamado la atención.

- A ver... Tu turno, Al... Wrath. ¿Soldado de combaste dijiste, no? - Ante la seca afirmación de éste Reyson no hizo más preguntas, siguió pasando hasta que llegó a Selena. - Bueno, y tú eres la última, ilumínanos, antes de salir de clase, ¿A qué profesión te gustaría aspirar?

- Profesora. - Respondió tragando saliva.

- Vaya, eres la única chica a la que le gustaría empeñar mi trabajo, muy buena elección, si señor. Ya podéis salir todos, Selena, tú quédate aquí para eso que te comenté ayer.

Poco a poco fueron saliendo de una forma más o menos ordenada todos los alumnos, incluyendo a Alan, el cuál miró a Reyson con cierto odio y escepticismo.





Selena se quedó en su sitio mirando al profesor. Sacó un cuaderno nuevo, un portaminas, una goma de borrar y una pluma para escribir. Se quedó mirándole esperando una orden.


- No necesitarás nada de eso. Supongo que estarás cansada y hastiada de tanta televisón, la clase de hoy iba a ser audiovisual, pero... Para despejarte un poco, puedes rellenar este cuestionario... - Le tiende un cuestionario bastante extenso con preguntas bastante indiscretas y directas tales como si tenía novio, si había mantenido en alguna ocasión relaciones sexuales, de ser así con qué frecuencia, de no ser así si se masturbaba y un largo etcétera. - Si no comprendes alguna pregunta avísame, voy a por un café. - Acto seguido se marchó de allí, cerrando tras de sí.

Selena se quedó en su sitio mirando al profesor. Sacó un cuaderno nuevo, un portaminas, una goma de borrar y una pluma para escribir. Se quedó mirándole esperando una orden.

Selena observó la hoja, suspiró y negó el haber tenido novio, el haber mantenido cualquier tipo de relación sexual y todo l oque aquello conllevaba. También engaba el haber tomado bebidas alcohólicas o haber probado algún tipo de droga. Tras rellenar el cuestionario lo dejó sobre la mesa algo "plof".


Reyson regresó al poco, sentándose en su mesa y extendiendo la diestra. - ¿Terminaste ya?

Selena le entregó el cuestionario - Sí.

- Veamos... - *Cogió el cuestionario con cierto nerviosismo, notándosele como a medida que iba leyendo su sonrisa se iba iluminando. Cogió un pilot y escribió un simple "Apta".*

- ¿Hay algo de malo? - le miró confusa. Dudaba de si daba la talla a lo que buscaba o no.

- Bien, ahora vamos a ver un vídeo. He de observar tus estímulos para saber si es necesario estimularlos o no... - *Le colocó un par de parches, unidos por unos cables que iban hasta su portátil. - Quiero que todo lo que vayas pensando lo dejes patente, no dejes escapar ningún pensamiento ni trates de ocultarlo, ¿De acuerdo? - La carátula del dvd parecía de dibujos animados, parecía... ¿Hentai?

- De acuerdo... - miró a la pantalla nerviosa.

Reyson colocó el dvd, alejándose hasta casi el final de la sala, observando a la muchacha desde todos los ángulos posibles gracias a las numerosas cámaras de vigilancia -Escondidas, obviamente.- repartidas por el aula.

Selena veía como pasaba la cinta. El principio era típico, no sentía nada - Aquí no siento nada...- en ése momento los protagonistas se besaron y se miraron a los ojos tiernamente - Envidia... - murmuró. Él derepente desgarró la camisa de ella, sintió como si el corazón le palpitase con fuerza - Asombro...





Créditos:



Agradecimientos:

A mi musa, por reactivar mi imaginación, ganas de escribir, de sentir, y de echar mi imaginación nuevamente a volar, libre, como ya lo fue antaño, por su indispensable ayuda en tantísimas otras ocasiones y sobre todo por tomar parte de este escrito y por poner sentimiento, pasión y dedicación en cada palabra.

 


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Relatos DS V.2.1