martes 3 de febrero de 2009

Trata de blancas




Capítulo 1.


La muchacha se adentró de forma tímida en la habitación, no estaba acostumbrada a eso, pero era cuestión de vida ó muerte, no de la suya propia, sino de la de su hermanito, tras el reciente fallecimiento de sus padres en un trágico suceso, es por ello por lo cuál accedió de buen agrado.

Sus pasos no emitían el más mínimo sonido, iba descalza, sintiendo el suave tacto de la moqueta bajo sus pies, el olor a incienso que inundaba la habitación, las numerosas velitas, y las telas que prendían del techo que iban desde tonalidades anaranjadas a las color púrpura.

Mi... ¿Mi señor...? - Dijo con patente nerviosismo en el tono de voz. Se acerca al sillón que se encuentra frente a la chimenea, lo único que alcanza ver es el brazo de su "Amo". Horas y horas de preparación e inculcación de conocimientos los cuáles hasta le parecían ridículos, los cuáles sin embargo le servirían para sobrevivir, se arrodilló cuidadosamente para tras eso arrastrarse hasta él, aún sin atreverse a mirarlo.

Finalmente queda interpuesta entre lo que es la chimenea y él, este se digna incluso a mirarla. - Puedes alzar el rostro, tienes mi permiso. - Levanta la mirada, buscando su mirada, las facciones de su cara no denotan maldad, no en apariencia, sonríe, se confía quizás. - Gracias, mi señor... - Parecía ser no le costaba tanto, sigue con la mirada todos y cada uno de sus gestos, lo ve alzarse, atraviado con un negro batín, se acerca a un mueble cualquiera, no alcanza a distinguirlo pues la luz es ténue en exceso para su gusto, al poco regresa sobre sus pasos con una pequeña cajita metálica, la cuál deja justamente a un lado del sillón, en una mesita auxiliar dónde reposaban un par de copas llenas de algún tipo de bebida alcohólica.

- Ven. - No dice nada más, da unas cuántas palmaditas en su regazo, mudo gesto el cuál bastó para que se pusiese en pie, dispuesta a sentarse. Era joven, quizás en exceso, catorce años a lo sumo; se despojó de la única prenda que cubría su cuerpo, un albornoz. Ya sabía de sus gustos y preferencias, era una baza a su favor, al menos de momento, se sentó, dándole la espalda, no por falta de respeto, nada más lejos de la realidad, sino porque simplemente aún no era digna cómo para tenerlo cara a cara.

Aquí me tiene... Mi señor... - Su voz ya no denota inseguridad, va cargada de dulzura y cierta sensualidad, se deja llevar... Le va agradando la situación, le da morbo, la excita... Pronto las manos del hombre recorren sus costados, en un principio hace amago de cubrirse, pero este coge la mano de la muchacha, dejádola sobre su propia pierna, sin necesidad de inflingir azote ó correción alguna -De forma momentánea- prosigue con las caricias, no tarda mucho en tomar sus pechos entre sus manos, acariciándolos suavemente, en un principio, dejándola sentir poco después la deliciosa presión de sus dedos sobre sus pezones, los cuáles irremediablemente tornaron erectos, comenzando así mismo su vagina a lubricar de forma involuntaria, fluidos los cuáles resbalaron por la cara interna de sus muslos hasta llegar incluso a la pierna de su Amo.

- Vaya... ¿Qué es esto...? - Pasa una de las manos por su ingle, por las inmediaciones de su sexo, haciéndola sentir la necesidad, pero no calmando su ansia, limitándose a recoger parte de sus flujos sin por ello dotarla de placer directo, lleva la mano a sus labios, lamiendo uno de los dedos. - Hmm... - Asiente cómo gesto de aprobación, algo lo cuál ella no ve, se pone nerviosa, pronto siente uno de los dedos de su Amo tratando de entrar en su boquita, repasa con el dedo sus labios, llenándolos de sus propios flujos, ella no se demora en lamerlos, sabe eso le excitaría, y recibe su recompensa... Lleva los labios a su cuello, o besa, lame tras la oreja de la joven, mordisquea su lóbulo... Un par de dedos los cuáles comienzan a acariciar su clítoris, arquea la espalda, deja escapar un hálito cargado de placer, del más inocente, puro y destilado placer que pudiese haber ofrecido hasta entonces, contemplando con curiosidad cómo la mano libre ya no se afanaba en acariciar su pecho, sino que rebuscaba entre la metálica cajita, hasta al fin encontrar lo que buscaba...





Capítulo 2.


Algo metálico. La chica cerró los ojos, sabía que sería mejor así, él cogió un pequeño frasquito, virtiendo una única gota del líquido que contenía en su clítoris. - ¡Ah...! - Escocía, mucho, además. Mientras dejaba que fuese haciendo efecto este sacó un par de pinzas, metálicas, llevó cada una de ellas a sus pezones, reguló la presión que debían de ejercer en un principio, dulce presión...

- Qué, pequeña, ¿Escuece ya...? - Inquiere con una pícara sonrisa.

- No... No, ya no... - Niega en reiteradas ocasiones, aún sin atreverse a mirarlo, de espaldas a él, se muerde el labio inferior, sintiendo la presión de los pequeños dientes de las pinzas al presionar sus ya erectos pezones.

No se demoró en exceso, llevó lo que parecía un pequeño cubo de hielo hasta su sexo, habiéndolo pasado previamente bajo su ombligo, deslizándolo por su ingle hasta al fin llegar a su sexo, paliando en cierta medida aquel escozor, se volvió mucho más sensible de lo normal, lo comprobó una vez su Amo pasó la llema de sus dedos por su clítoris... Se sobresaltó, tratando en vano de reprimir un gemido, que no quejido, no, sino gemido.

- Parece ser el perfume te sienta bien, ¿No crees...? - Huele su cuello, lo besa, lo mordisquea... Frotando la mano contra su sexo cada vez con más rápidez, buscaba el dilatarla relativamente pronto, aún le quedaba, posiblemente sería una de las noches más largas a la cuál se tuviese que enfrentar la pequeña, la cuál comenzaba a moverse más de lo normal, sin saber bien qué debía hacer ó no, por el momento aguantaba, trataba de hacerlo... Su Amo volvió a introducir un único dedo en su vagina, mientras no dejaba de frotar su clítoris, meramente para notar y sentir las contracciones de su vagina así tantear cuánto le quedaba, y no era mucho, no era nada, la sensibilización que indució con el perfume en su sexo fue mucho más efectiva de lo que pensó.

- Hazlo. - Ordena. Segundos es lo que tarda en oír ese celestial sonido, acompañado de la expulsión de flujos y más flujos, calientes, los cuáles bañaron el dedo que mantenía introducido en su sexo, tras eso metió otros dos más, siendo ya tres los que tenía dentro, poco le costó introducirlos, lo hizo para sacarlos al poco, para volver a relamer un par de dedos, ofreciendo el restante a la pequeña, la cuál lo aceptó de buen agrado, lamiéndolo con ansia.

- Buena chica... - Acaricia su cabecita, cómo si de una perra se tratase, algo lo cuál la degradó bastante, bajado la mirada. - Levántate. - Ella obedece obediente, se alza, poco tarda en volver a verlo rebuscar entre la cajita. - A cuatro patas. - Se limita a decir, su voz denota firmeza, determinación, ella no duda en dejarse caer sobre la moqueta, mirando al fuego, tratando aún de hacer de su ritmo de respiración algo más normal.

Su Amo se agacha, tras ella, toquetea su sexo, vuelve a hacerla extremecer, hasta que alcanza a tantear su clítoris, coloca un anillo, el cuál aprieta hasta dejarlo sujeto, se alza, quedando finalmente a su costado, la chica oye cierto tintineo, el de unas pequeñas cadenas, las cuáles lleva primeramente hacia las pinzas que presionaban sus pezones, aprovecha además para apretarlas un poco más, finalmente lleva el último extremo de la cadena hasta el anillo que permanecía en su clítoris. De esa forma quedaron unidos esos puntos erógenos, aunque... Por ahora el mero hecho de estar unidos no le proporcionaría placer...

Bien... ¿Te encuentras bien? - Ella asiente rapidamente, juntando las piernas para tratar de frotarse, ansiosa de más. Este gesto es reprimido por un firme azote en su trasero. - Quieta, ¿Acaso te mandé yo moverte, lo hice? ¡No!. - Agacha la cabeza. - Lo... Lo siento mi señor, yo... No volverá a pasar, lo prometo...

Huh... Más te vale... - Coge un par de velas, las coloca bajo las cadenas que le colocó a la muchacha, las enciende, la cadena caía hasta casi tocar la llama de las velas, ella lo miró con cierto miedo. - ¿Pero qué...? - Shhh... Silencio, perrita, silencio. - Introduce el dedo anular en su ano, sin más, ella gime ante esa acción, pronto lo retira, comenzando a andar hacia la puerta. - No me demoraré. - Es lo único que dice antes de salir por la puerta.


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Relatos DS V.2.1