Capítulo 1
Faltaba una semana aún para que llegase Halloween, pero Braid no aguantaba más. Eran ya diecisiete noches de Halloween las que iba a contabilizar con esta que en breves volvería a vivir. Desde pequeño siempre sintió una gran atracción por ese tipo de cosas, el misticismo, el morbo de lo prohibido... Sus padres nunca, NUNCA lo dejaron salir.

Vivía en una burbuja, educado en los mejores colegios, un alumno sobresaliente no sólo en el campo del estudio sino en el musical, tocaba a la perfección tanto el violín como el piano. Siempre anheló el tener un órgano, típico y estereotipado de las catedrales góticas, pero tuvo que conformarse con su piano de cola. De forma eventual, cuando se quedaba solo en casa y aprovechando un sintetizador y de mano del software necesario por ordenador conseguía emular más o menos ese sonido tan especial... Sonido que deleitaba sus oídos, sus sentidos, le hacía evadirse, sonido el cual le hacía olvidar de forma momentánea lo estricta de su conducta, lo estrictamente conservadores que eran sus padres y por ende, lo marcada y condicionada que se encontraba su vida.
Su madre era profesora de filosofía en una prestigiosa universidad mientras que su padre era piloto, por lo que no portaba mucho por casa. Casa que por cierto, era inmensa, con una buena plantilla de cocineros, jardineros, chóferes, mayordomos... En definitiva, todo lo que uno podría querer y/o necesitar, aunque en este caso, y Braid era vivo ejemplo de ello, todo aquel dinero, no daba felicidad.
Braid se hizo muy, muy amigo de uno de los mayordomos. De forma ocasional su ya amigo Dimitri se acercaba a la biblioteca pública de la ciudad, solía traerle partituras de Réquiems, misas y demás música por el estilo, así mismo novelas de intriga, terror, y demás géneros que sus padres le tenían prohibido leer sin que el muchacho supiese a ciencia cierta el por qué.
Pero... Había algo que había cambiado... Dimitri últimamente estaba algo raro... Ya no le traía material para leer, en su lugar, se encerraba con él en su cuarto, ahora era él quien le narraba... Esto, a Braid personalmente no le molestaba en absoluto, pues era más que interesante lo que le contaba... Lo único que sí que le extrañaba un tanto era ese repentino cambio en la conducta de Dimitri.
- Verás, Braid... - Comenzó enunciando Dimitri.- Finalmente he conseguido liar, juntar a tus padres para que vayan a un restaurante en una población alejada, todo ello adjuntando así mismo con un par de noches de hotel... Creo que no te hace nada de bien el que te sigas reprimiendo... Creo que esta noche de Halloween deberías de salir... - Parecía como si estuviese narrando algo, mantenía ese tono de suspense, de incertidumbre, de intriga. Se había quitado la chaqueta del traje, quedaba algo más informal, y el estar ante el fuego hacía que los destellos y sombras que sobre su ya curtido rostro se proyectaran hacían de su figura algo mucho más misteriosa que de costumbre.
Dimitri no tenía historia, no tenía pasado. Los padres de Braid lo recogieron por pena, pronto y descubriendo asombrados cuán habilidoso era en las tareas del hogar decidieron dejar que se quedase en casa a cambio de un correcto trabajo y servicio a la familia.
- No sé, la verdad... Creo que ya soy mayorcito como para salir a pedir caramelos en las casas, y lo suficientemente listo como para evadirme y evitar el ir a hacer "rituales satánicos" al cementerio. Tal vez, y a pesar de todo lo hiciesen por mi bien, Dimitri… - Dijo con cierto desdén, a modo de mofa dada la ironía con la cual empezó, aunque a lo largo de la frase esta se fuese perdiendo. Algo lo cuál molestó profundamente a Dimitri, a pesar de que no lo dejase ver.
- Creo que es hora de que te cuente algo... ¿Has oído alguna vez la historia de la dama del cementerio? - Inquirió inquisitivo, echando mano a uno de los bolsillos de su arrugada chaqueta, la cuál permanecía sobre la cama.
- Claro... He oído varias versiones, incluso un amago de reportaje realizado por algunos amantes de lo empírico y fanáticos de la fantasía, buscando el unir ambos conceptos... Pero yo no lo veo nada claro, la verdad...
- Ya. Supongo. - Dijo cortante y algo malhumorado. Sacó una ingente cantidad de cartas, parecían antiguas, eso fue algo lo cuál pronto despertó la curiosidad del joven, pero fue ahora Dimitri quien lo atajó. - Ah, no. Si quieres ver su contenido has de escuchar mi versión, LA versión… - Volvía a acentuarse esa mística entonación.
Braid puso los ojos en blanco, encogiéndose de hombros y suspirando. - Está bien, está bien... - Dimitri sonrió, comenzando con su historia.
En ella detallaba con todo lujo de acotaciones la historia de la dama del cementerio, aquella la cuál noche tras noche paseaba entre el cementerio, buscando alguna melodía la cuál estuviese acorde con su estado de humor, aquel afortunado el cual consiguiese hacer encartar su melodía, instrumento y momento con el estado de la dama sería el afortunado de poder compartir el infinito conocimiento de la dama del cementerio. Si en algo estaban de acuerdo todas las historias es en la forma de la que murió la joven y así mismo en su aspecto. Era alta, de negro cabello y pálida tez, unos profundos y oscuros ojos siempre delineados por contorno de ojos, su largo pelo casi siempre ocultaba su bello rostro, rostro marcado por suaves facciones que a su vez indicaban su juventud. Ataviada en todo momento por preciosos vestidos de encaje, de índole gótica, delicados tejidos eran los elegidos por la joven. Numerosos complementos, collares y crucifijos decoraban su anhelada y deseada piel.
Dicen que su conocimiento haría feliz al más infeliz, al más hundido en el más profundo de los pozos morales, dicen que era toda una máquina de seducción, y no era para menos... Dicen que su conocimiento de artes oscuras es amplísimo... Pero que solo las usa para un único fin...
Habían cambiado las tornas, Braid se mostraba más que interesado en esta versión de Dimitri, sólo por ser él ya merecía muchísima más credibilidad que cualquier estudio realizado por anónimos teóricamente bien documentados.
- Hey, Dimitri... ¿Y cómo murió... Para qué fin...? - No pudo continuar pues éste volvió a atajarle, no con palabras, sino interponiendo entre ambos, sentados en la alfombra frente al fuego el montón de cartas. Braid tragó saliva, expectante.
- Lleva ya tiempo escuchándote noche tras noche, sabe que no es un verdadero órgano, quiere hacer un pacto contigo, tiene una serie de proposiciones que hacerte, respetando ciertas normas. Desde hace algún tiempo lleva encomendándome la tarea de informarte... No decidí hacerlo hasta que tuve la certeza de que irías.
- Hé... Esto me suena a broma pesada... ¿Quién te ha dicho que yo vaya a ir, huh...?
- Ella. - Reprochó poniéndose en pie, saliendo de la habitación a paso lento, portando su chaqueta. - Yo ya he cumplido mi misión y estoy en paz con ella, mi delito fue conocer su muerte, mi pena morir de su misma muerte, y mi salvación tu aparición, gracias; Braid.





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