Nuevamente te veo ahí, a través de la fina seda que conforma el baldaquin dentro del que te encuentras.
Se escucha débil el murmullo proveniente de varios objetos metálicos al colisionar entre sí, múltiples cadenitas son las que prenden de oscuras, holgadas y largas prendas con las que me visto, aunque no sólo estos metálicos adornos prenden y cuelgan de la negra gabardina, sino de los así mismo negros vaqueros, broches metálicos son los que adornan las botas...
Botas bajo las cuáles el suelo de madera parece crujir, quejándose ante lo portentosidad de estas.
Tu respiración es tranquila, tus movimientos lentos, ataviada unica y exclusivamente con un confortable camisón. De seda te vistes, de seda te rodeas, eres toda una reina, mi princesa... Las sábanas se ciñen a tu vertiginosa figura al rodar sobre la cama y hacer que éstas se peguen a ti, ansiosas de conocer más aún el contorno que delimita lo imperfecto de este mundo y lo perfecto de tu ser...
Finalmente caigo de rodillas, frente a ti, extendiendo una mano para acariciar tu rostro con el dorso de esa misma mano, retirando lentamente tu pelo de tu rostro, dejándome así admirar ese magno acontecimiento de la naturaleza al que por nombre le puso belleza...
Antes de nada miro a mi alrededor, la ténue luz proveniente de las velas que descansan sobre bases de cerámica de tonalidades que van desde el más vivo rojo hasta el más frío púrpura llenan de color con el reflejo de la llama sus inmediaciones, dotando de más misticismo aún si cabe el habitáculo de empedradas paredes en las que nos encontramos...
Vuelvo a encaminarme hacia lo desconocido, mis pasos sólo siguen la estela que tu perfume deja sobre el ya impregnado olor a incienso que sobre la habitación reina... Vuelvo a verme arrodillado, ante ti, vuelvo a sentir la imperiosa necesidad de acercar mis labios, de rozar tu piel... De anhelar más, de atreverme incluso a besar tus labios...
Y perderme en ellos... Ver como mi noción del tiempo se distorsiona por completo, ver como todo parece pasar mucho más rápido, como ahora todo carece de importancia, como eres tú quién unicamente conforma mi todo en esos momentos...
Despierto de mi ensoñamiento al sentir tu cálida mano sobre mi piel, abres los ojos despacio, adormilada, aunque con una sonrisa en los labios... Me instas a que tome parte y sin demora subo a la cama, quedando finalmente tumbado de costado, sin poder ni querer apartar la mirada de esos profundos ojos que todo me dicen...
Fuera llueve... El estruendo de las gotas al golpear el cristal nos hace salir de nuestro ensimismamiento, hacen qué...
lunes 20 de abril de 2009
Nuevamente
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