
Caminó hacia una casa desconocida en un barrio perdido de la mano de Dios.
Bajó cansada del metro, cargando con varias bolsas de la compra. Miró a los lados, suspiró y reanudó el paso para llegar a su destino.
Los hilos dorados que formaban su larga melena se mecían en el viento, su mirada, perdida en el suelo, contaba las baldosas que pisaba de la acera; sus sinuosas caderas se movían como el vaivén continuo de los juncos mecidos por el viento.
Varios hombres y muchachos se quedaron mirando fijamente su figura, pudiendo prácticamente saborear su afrodisíaco aroma recubierto de un típico aceite de Túnez, usado como perfume, llamado gamaucha.
Llegó al portal y abrió la puerta con una de las copias de la llave que le habían proporcionado. Subió las escaleras, pisando uno a uno los peldaños con cuidado de no tropezar, pues los escalones eran tan pequeños que parte de sus pies no los podía apoyar.
Subió al piso y abrió con cuidado la puerta, mirando el suelo, como escondiéndose; teniendo extremo cuidado con no romper nada de la comida que había comprado.
- Arshes – se escuchó una voz masculina, poderosa y a la vez cautivadora, proveniente de alguna de las habitaciones del piso - ¿Ya has llegado? Pero si me dijiste que...
Un muchacho alto, apuesto, con buenas espaldas, piernas largas, complexión normal con algo de músculo, con melenilla, cabello castaño ondulado y ojos azules; se quedó extrañado al llegar a la entrada del piso y observar entrar a la muchacha de espaldas, la cual llevaba consigo bolsas de la compra.
- Di... Disculpa por no avisarte... - dijo con su inocente y sensual voz, yendo a la cocina para dejar las bolsas mientras su dorada cabellera aún escondía su rostro. Su voz titubeaba algo, estaba nerviosa y avergonzada por su intromisión – Es que... Arshes me dijo que se iba con su novio a dar una vuelta y yo me ofrecí para venir...
El joven no era capaz de mediar palabra, se mantuvo contemplando la escena que ante él pasaba, pudiendo sentir como su perfume único impregnaba la sala, el como sus movimientos daban algo de vida a la seriedad, tristeza y vacío de la casa.
- He comprado algo de comida, me dijeron que tendrías la nevera vacía... - se hizo un momento de silencio - ¡¡Ah!! ¿Quieres que te cocine algo? - no había que ser un genio para saber que la muchacha lo único que quería era agradarle con su presencia y no ser un estorbo.
- De... ¿De verdad eres tú?... - las palabras del muchacho no llegaron a los oídos de la joven. Se asomó a la puerta de la cocina, observando sus gráciles movimientos.
El joven sentía que ella no había sido simplemente un sueño, sino que su existencia era real y, que esa realidad, parecía tan frágil que pudiese romperse en cualquier momento como si una figurilla de cristal se tratase.
Ella se retiró uno de sus dorados mechones, que irrumpieron su visión, con la diestra. Había sacado diversas cosas de la bolsa y se dispuso a sacar cubiertos y vajilla para preparar la la cena, hacía bastante ruido sin querer, lo típico, que si las bisagras del mueble, que si los cajones, que si los choques metálicos... Pero, él sólo quedaba con su respiración, con los latidos acelerados de su corazón, con el roce que hacían sus dedos al tocar cada uno de los objetos.
Se desplazó lentamente al interior de la cocina, depositó un mano en su cintura, llevándola hacia él con cuidado, y con la otra mano acarició su rostro...
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Un plato que sostenía la chica entre las manos resbaló entre ellas y lo dejó caer al suelo al sentir como una mano acariciaba su aterciopelada y dulce piel, el cómo la respiración del joven esquivaba las redes de su cabello y se adentraba en su pequeña jungla para llegar a la escondida piel de su nuca... Respiró profundamente cerrando los ojos sin parar a pensar en el plato roto, dejándose llevar por sus manos; hasta que notó como el calor de él la envolvió y sintió su cuerpo pegado al de ella.
- Pe... ¡¡PERDÓN!! ¡¡MIERDA!! - la muchacha, totalmente colorada, se puso de rodillas para recoger los trozos de vajilla que estaban esparcidos por el suelo. - ¡¡AU!! - exclamó soltando los trozos que había recogido llevándose el lado izquierdo del dedo índice de la diestra a la poca para chupar unas gotitas de sangre.
- Ei...Tranquila... No pasa nada... - dijo arrodillándose al lado de ella, dejando que se deslizasen sus manos por la violácea camisa de la muchacha, la cual estaba hecha un nervio puro – Bastante conque has venido...
Con un grácil movimiento, le sacó el dedo de la boca, observando que este ya no sangraba y, no se sabe porqué, se lo introdujo en la boca saboreando la saliva de la joven, excitándose gradualmente al poder degustar un ápice de la textura y sabor de su sueño hecho realidad.
- De... De verdad... que... yo... yo no... - el joven deslizó sus dedos desde la muñeca de la muchacha hasta agarrarla de los dedos con sumo cuidado para seguidamente callarla besando sus dedos por debajo de los nudillos, mirándola de lleno a sus ojos verdes, los cuales le miraban con sorpresa.
- Shhh... - murmuró buscando el silencio por parte de ella mirándola intensamente a los ojos, pudiendo escuchar los rítmicos latidos de su corazón y su entrecortada respiración. Llevó su zurda al rostro de la joven y poco a poco fue caminando de rodillas hasta ponerse totalmente frente a ella. Movía lentamente la mano, acariciando su cálida piel, sintiendo como si acariciase la más exquisita de las sedas – Existes... De verdad... Existes.
Acercó su rostro al de ella acercándose, así, más y más a esas pequeñas nubes sonrosadas que fueron arrancadas del cielo e implantadas en su bello rostro de diosa. Poco a poco su mano soltaba la muñeca y las caricias de la mejilla se detuvieron cuando el joven decidió romper el muro de que todo era un sueño y besarla.
Muchos de sus sueños se materializaron, tomaron forma de mujer, además que era ella quien le hablaba en la lejanía y que era el centro de sus más obscuros, carnales y cálidos deseos.
Ella se quedó inmóvil, cerró los ojos, su cuerpo se relajó, se dejó besar, acariciar, llevar, dominar...
La mano que estaba en su rostro descendió de su mejilla al cuello sin separarse de su piel, pudiendo tocar y recorrer cada uno de los centímetros de su piel, sintiéndola... Bajo su poder. La continuó deslizando hacia abajo pero por el costado, sintiendo el impulso de sentir bajo su mando aquellos voluminosos y perfectos senos. Se mantuvo recorriendo con la punta de los dedos aquel costado y hundió el rostro en el cuello de la muchacha dejando escapar un gran suspiro de placer, impregnado el cuello con una cálida y húmeda brisa.
- Ry... Ryan... - la voz de la chica se había vuelto cálida y exótica, la cual estaba envuelta en un aura de excitación. Al no recibir respuesta, volvió a insistir buscando su atención – Ry... Ryan... yo... yo...
- ¿Hum?... - Ryan alzó la cabeza mirándola a sus ojillos descarriados, las pupilas estaban totalmente dilatada; el joven volvió a acariciar su rostro, pero esta vez la miraba preocupado - ¿Sucede algo?
- Yo... - agachó la cabeza, Ryan retiró la mano extrañado. Tragó saliva sonrojada, sabía que a lo mejor iba a decir/hacer alguna tontería pero... Se lo prometió en su momento...
Se desabrochó la camisa violácea que llevaba, dejando ver una fina y ajustada camisa de tirantes, la cual recalcaba sus figuras de mujer. Se quitó la camisa de tirantes también, seguido de su sujetador de encaje negro con bordados dorados; de este le costó mucho más desprenderse, más que nada, la vergüenza la poseía. Pero, al fin, sus voluminosos, grandes, redondos y perfectos senos yacían bajo la luz del Sol que entraba por la ventana.
La mirada de Ryan recayó sobre sus pequeños e introvertidos pezones de una tonalidad rosada, los cuales le recordaban al color de sus labios semi-excitada.
- Márcame – sentenció la muchacha desviando su rostro, dejando que Ryan se deleitase con su gustosa figura.
- ¿Que te marque? - no lo había pillado... o quizás sí, hizo una pregunta retórica para centrarse más en el asunto.
- Sí...Hazlo...yo... - Ryan la silenció colocando el dedo índice en sus labios pero en vano la calló – Yo sólo quiero vivir para complacerte...
En ese momento los ojos de Ryan desprendieron un brillo tenaz.
A los pocos minutos un hálito mezclado de placer y dolor se apoderó del piso y chocó contra los objetos, paredes y cristales de la casa. Ryan alzó la testa sonriente, satisfecho, observando el erecto pezón recién marcado por sus dientes.
martes 27 de enero de 2009
La compra
De mano de
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Nombre del relato la compra
domingo 25 de enero de 2009
Juegos de Oficina
Primera parte. Pensamientos de Valerie.
Era una mañana como otra cualquiera. Todos habían llegado ya, dudo muchísimo que hubiese alguno el cuál se atreviese a llegar tarde. Oh, por favor... ¿Quién podría llegar tarde y perder parte de las ocho preciadas horas diarias en las cuáles pueden ver tal belleza? - Obviamente, se refería a ella misma. Valerie se sentó en la silla de su despacho, inclinándose hacia delante y acariciando la mesa, extendiendo ambas manos hasta alcanzar a aferrar el filo de esta, practicamente recostada sobre esta. - Otra aburrida mañana por delante... - Tras estirarse tal y cómo lo haría una auténtica fiera volvió hacia atrás, sentándose en la silla, cruzando las piernas de una forma más que sensual y alentadora para cualquier trabajador que pudiese contemplar tal escena a traves de casi translúcido cristal que en la puerta dejaba ver de forma eventual la figura de "La Jefa".
Observo complacida a los trabajadores, que más que trabajadores eran mirones, es más, se estaba planteando seriamente el hecho de adquirir varios parches de estos que llevaban los caballos para no distraerse de su ruta. - Malditos becarios... - Dos simples palabras que destilaban prepotencia, arrogancia y todo el poderío que a su vez la daba potestad para tratarlos de manera tan degradante.
A pesar de todo, Valerie, que era de lo más "Benévola" se limitaba a pensar que eran simples niños traviesos... Además, en cierto modo le encantaba que la mirasen, ella bien sabía por qué solían pedir ir tanto al baño. Decidió salir de su despacho, observando complacida cómo al mirarlos a todos, uno por uno ellos iban apartando la mirada, temerosos... Y ella sonreía, le hacía sentir bien... Esos aires de grandeza... Hasta su perfume destilaba toda la clase que ella dejaba patente al andar... Miró hacia abajo, encontrándose con sus bien formados pechos, alcanzando a leer la plaquita la cuál le identificaba. "Srta. Valerie" Escrito en dorado, con una letra muy estilizada, ya que no merecía menos.
Acaso... ¿Está mal que me miren...? ¿Está mal que me deseen...? ¿Seré una niña mala...? Preguntas las cuáles golpeaban su mente sin cesar. Preguntas retóricas, pues sabe la respuesta... Aún más le gustaría que le castigasen por ello, por ser una niña mala... Pero desgraciadamente en esta patética promoción de becarios ineptos no había ninguno que diese "La talla", era una lástima, con lo que le gustaría jugar... A decir verdad era raro el día, o más bien la hora la cuál no le apetecía jugar...
Nací así... Se fijó en un muchacho nuevo, no tenía mala pinta... - Creo que voy a "incentivarlos" un poco... - Pensó para sí, mordiéndose el labio inferior, destilando lascivia, estaba deseando tocarse... Hacía ya casi una hora que no lo hacía, demasiado para ella. ¿Qué culpa tenía de tener semejantes curvas, si con sólo mirarse al espejo se excitaba ella misma? Hasta ese punto, sí, hasta ese punto alcanzaba su prepotencia y arrogancia.
Fue andando con esa sensualidad que le caracterizaba, pasando ante "El nuevo", Bryan parece se llamaba, o eso ponía en la plaquita de su mesa, miró hacia su entrepierna, pero parece ser que no le causó una gran impresión. - Eh, guapito. Quiero este informe para dentro de veinticuatro horas a lo sumo, en mi despacho, ¿Has entendido? - Inquirió de forma inquisitora. Sin más dilación se fue, éste hizo amago de contestar pues era un informe que le llevaría al menos siete días cumplimentarlo, pero ya le avisaron sus compañeros que lo mejor era no replicarla, así es que lo único que hizo fue resignarse a su suerte, suspirando, quedando ensimismado mirando al translúcido cristal que separaba las puertas del cielo y el infierno.
Valerie entró en su despacho, sentándose en el sillón y echándolo hacia atrás, para quedar así practicamente tumbada, extendiendo ambas manos para así coger su metálico maletín y abrirlo. Tras rebuscar entre papeles y demás encontró a París, un enorme consolador recubierto -Como no podía ser menos para ella.- de un metal bastante valioso, platino. - Hmm... Ven aquí pequeño... - Dijo pasándolo entre sus pechos, aún vestida, colocando ambas piernas sobre el escritorio, contemplando como el sol incidia en sus carísimos zapatos de charol. Entre tanto su otra mano ya había subido su ya de por sí cortísima falda, acariciando sus tersos y suaves muslos. - Un momento... - Echó una ojeada a las estanterías, todas colmadas de premios y reconocimientos por su labor de dirección. - Tal vez hoy te castigue, París... El otro día te tuve que cambiar las pilas tres veces... Tal vez hoy deje sentir dentro de mí alguno de esos trofeos...
Entre tanto, fuera, era más que obvio que todos, todos sin excepción se encontraban espectantes viendo las acciones desenfrenadas y lujuriosas de esa translúcida figura. Lo único que lamentaban era que el aislante acústico fuese tan bueno.

Le gusta eso... Le gusta provocar, le gusta el pecado... Le gusta que pensemos en ella incluso cuándo llegamos a casa y estamos con nuestra novia o mujer...
Le gusta... Eso le hace sentir bien... Pero yo bien sé que es una desgraciada... Una puta desgraciada... Buscando la perfección pierde la oportunidad de follar a menudo, y eso se nota... Le excita saber lo que hacemos pensando en ella, y es algo lo cuál voy a aprovechar...
Mañana es el gran día, no me voy a molestar en seguir rellenando este estúpido formulario.
"La idea original del relato proviene de [[Noelia Martín, Valerie]]. El relato original lo podéis encontrar en la siguiente dirección: http://www.metroflog.com/back_in_black__69/. Aún restan otras dos partes más para este relato, una prevista para esta noche y otra para mañana. El que los personajes estén inspirados en personas de la vida real no implica así mismo una real relación cómo la del relato."
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Nombre del relato Juegos de oficina
viernes 23 de enero de 2009
Sin título. Cap. 1
Maldigo a todo aquel que trate de en unos meros trazos plasmar toda tu belleza. ¿Qué se podría decir de una simple foto? ¿Color de la ropa, formas, complementos?

Así mismo supongo que a mí mismo he de maldecirme, por no ser capaz de expresar por medio de unas líneas la belleza residente en la misma... Es más, no sé ni cómo me atrevo a hablar de ti, y del sentimiento y mezcla de deseos que me produce el no contemplar tu foto, sino el admiradrla. Quién... Quién pudiese perderse entre esas piernas... Acariciar su tersura, sentirlas presionar mi espalda, delirio... Sigo examinando exhaustivamente tu figura, de forma descarada. Mis dientes se alargan, se afilan, anhelan romper esa fina barréra física compuesta por quién sabe qué tipo de tela para así tener un pretexto más para asirme a ti...
¿Crees que sería merecedor de tal privilegio? Poder extender los brazos, estando sobre ti, nuevamente repasando tu silueta con la mirada, dejando sentir sobre tu piel suaves caricias, despojandote lentamente de toda prenda. Ahora te vistes de vergüenza; ¡Reflexiona! ¿Qué tipo de vergüenza, huh? Mal. Tendrás que acostumbrarte y aceptar tu papel cómo lo más cercano conocido por mi a la belleza personificada.
Esta noche soñé que pude ser pintor. El más grande, el más aclamado, el más veterano... Reclamado por la nobleza y reyes de aquellos entonces, dignísimo portador y autor de la más bella obra jamás concebida, ¡Desafiando incluso al mísmisimo Creador! ... Ni el mismo supo cómo concebir criatura tan bella...
Esta noche soñé que mis óleos se deslizaban con suavidad y lentitud por el lienzo de tu piel, que con ellos trazaba las más bellas líneas que jamás habían delineado y aislado tal perfección de lo que era el mundo exterior, un mundo imperfecto, no digno de que tal ser viviese sobre él... Pisase la faz de la tierra, respirase el mismo aire que tan mundanos seres... Quizás... Sea por eso que todo fuese un sueño... Quizás por eso no pude más que recrearme en la tersura de su tacto, quizás sea esa la razón por la cuál la noche es mi rival. Tiempo, impasible hace que la noche vaya muriendo, y con ello que mis esperanzas se van desvaneciendo... Trato de plasmar algún tipo de color sobre el lienzo que conforma tu piel, pero ya es perfecto... Cualquier añadido de otro tipo sería mermar esa perfección...
Y así pasaron las noches... Naufragué, naufragué en tu piel, sin por ello querer ser rescatado... Me hice buscador de tesoros, me hice escalador. Y escalar por esas aterciopeladas piernas, y cavar, cavar y cavar en busca de ese tesoro... Esa gruta la cuál si se adentra de la debida manera pronto hará que suba la marea, dulce marea, del más preciado nectar que jamás pudiese haberme imaginado saborear... ¡Y no puedo evitar el sentirme nada, una mísera molécula al lado de tan portentosa obra...! Perdido en el paraíso...
Esta noche me rebajaría hasta dónde hiciese falta con tal de poder enzarzarme en esa boca, rozar esos labios, beber de tu boca... Esta noche volveré a maldecirla por no ser todo más que una cruel ilusión utópica... Esta noche querría ser tu voz y en cada palabra rozar tus labios... Esta noche podría escribirte lo más excitante por ti leído nunca... Esta noche te susurraría todos y cada uno de esos párrafos al oído... Esta noche haría que mis manos dejasen sentir en tu cuerpo todos y cada uno de los matices que las protagonistas de mis relatos, esta noche, no habría relato. Esta noche, seríamos tú y yo.
De mano de
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Nombre del relato Romance
Por Una Vez
Basado en una historia real
Déjame compartir tu dolor. Saber que pides
tu y que puedo darte yo. Deja que lo sienta en mi
interior, y hacer mío tu dolor. Hacerlo de
los dos. Por una vez, sólo por esta vez,
déjame saber que llevas dentro.
¿Qué te hace tanto daño? Por
una vez, sólo por esta vez, deja que cuando
cierre mis ojos sueñe tus mismos
sueños. Quisiera decirte que
siempre, siempre estaré junto a ti.
Compartiendo de cerca tu existir. Por una vez,
sólo por esta vez, déjame perderme
en tu camino y andar tus mismos pasos. Por una
vez, sólo por esta vez, déjame
soportar ese tormento que te mata por dentro.
Quiero escuchar tu silencio. Quiero
velar tu desvelo. Quiero morir de tu miedo. Lo
quiero porque te quiero. Quiero sentir lo que
sientes. Poder sentir lo que sientas. Quiero morir
si un día mueres. Morir de tu misma muerte.
Quiero sentir lo que sientes. Poder sentir lo que
sientas. Quiero morir si un día mueres.
Morir de tu misma muerte. Por una vez, por esta
vez. Por una vez llorar si tus ojos lloran.
Sangrar si tu sangre brota y morir de tu misma
pena. Por esta vez llorar si tus ojos lloran.
Sangrar si tu sangre brota, y morir de tu misma
pena.
De mano de
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Nombre del relato Otros
miércoles 21 de enero de 2009
De Crucero; Capítulo 10.
Tal vez no recordéis lo ocurrido en episodios anteriores, os haré pues un breve resumen.
Ese día salieron a pasear, el barco hacía una escala en una islita griega y aprovecharon para ir de excursión, el caso es que tras una desafortunada acción de la muchacha, el protagonista decidió vengarse... ¿O tal vez fue todo una desgraciada coincidencia...?
He aquí un fragmento del anterior relato.
- No… Por favor, para… - Gime por lo bajo, hace –O pretende hacerme creer.- que está cansada, agotada y exhausta, que no quiere más… Pero yo bien sé cuándo será saciada, y no era precisamente ese el momento. Aferré sus tobillos, ambos, pasando sus piernas sobre mis hombros, acercándome para sin más penetrarla, con dureza, con determinación. Su reacción tan instantánea como predecible. Gime con fuerza, aferrándose a las sábanas. – Entonces… ¿Decías que fue horrible todo lo que te hicieron y no te gustó, verdad…? – Dije con un patente deje de escepticismo. Ella afirma, el nerviosismos en su rostro y en su simple afirmación era más que patente.
– Comprendo… Parecía compasivo en un principio, pero la realidad distaba mucho de todo aquello… Me retiré lentamente, hasta sacar prácticamente por completo mi miembro de su vagina, ella suspiró, aliviada, pero cuándo se quiso dar cuenta una violenta penetración sacudía su cuerpo, haciéndola estremecer de placer nuevamente, llevando de forma instintiva las manos a la cabecera de la cama, aferrándose a ella y sintiendo cómo mis manos se asían a su cintura para que no fuese desplazada en exceso.
Bien, ahora me vas a ser sincera… ¿Qué te parece…? – Ahora era cuándo las cosas comenzaban a tornar grises para la joven, ahora es cuándo comenzaba el interrogatorio…
Todos los capítulos están disponibles en el foro. Pincha aquí para ir directamente al foro con todos los capítulos.
Que disfrutéis.
El interrogatorio había comenzado. Cada una de las preguntas realizadas suponía una dura penetración, cada una de las preguntas formuladas era un paso más hacia el éxtasis y la completa relajación, por medio de toda aquella tensión. Nuevamente sentías en tus propias carnes una de las dictas en tantísimas ocasiones formuladas por él, “El fin justifica los medios, como bien dijo mi colega Maquiavelo, se puede llegar a un estado de extrema relajación por una extrema alteración.”
¡Ouch! Eso que tantas veces dudaste se volvía contra ti. Y lo veías venir tras cada pregunta, tus respuestas no le convencían.
- Comprendo, perrita, comprendo… Así es que… Simplemente ahogabas gemidos y evitabas en vano correrte UNA VEZ TRAS OTRA… - Estas últimas palabras las acentuó especialmente. - … Por el hecho de que te estuviese mirando, ¿No…?
- Sí… Sí… Mi… Mi amo… - Temblaba no sólo tu voz, sino tu pulso, y tu cuerpo entero… Suspiraste aliviada, ¡Realmente aliviada! Al ver que me retiraba… Algo no te cuadraba, quizás no quisiese darte la satisfacción de terminar dentro de ti como en tantas otras ocasiones, tal vez sólo fuese un castigo… Un seco tirón en tu pelo te despertó de todo ese ensoñamiento y falsas ilusiones. – A cuatro patas, perra. – Oíste decir, e inmediatamente acataste la orden, acompañada de su correspondiente coletilla. – “Sí, mi amo…”
Sentías su miembro palpitante… Anhelando entrar dentro de ti… Lo sentías rozarse sobre tu coxis, y te temiste lo peor cuándo oíste el ruido del cajón al abrirse.
- No Dani por favor, hoy no…
- Perdona pero… ¿Quién ha dicho que tengas potestad no para decir qué he de hacer contigo, sino simplemente para hablar, huh…? – Dijo azotando con firmeza su trasero. – Te vas a callar, y te vas a atener a las consecuencias, pues tú así lo quisiste.
- Pero yo no… - Otro nuevo azote sirvió a modo de silenciador. - ¡Tus actos lo decidieron! – Sin más hundió algo lo cuál ella no alcanzó a distinguir en su vagina. Era algo no muy grande por suerte, rígido. Nuevamente te sentiste afortunada, sabías que en la noche anterior las pilas se habían gastado por completo y hoy no hubo tiempo para adquirir unas nuevas, ¿Qué podría entonces…?
- Toma. – Dije extendiendo la diestra. Giraste el rostro, extrañada, respirando agitadamente aún, tratando de tranquilizarte. - ¿Qué…? – Es tu móvil, llámame, siempre te gustó hacerlo. ¿Cómo podía ser tan cabrón…? Es lo único que pasaba por tu cabeza en esos momentos, lo cierto es que no me demoré mucho en tomar con fuerza tus caderas, contemplando con media sonrisa dibujada en el semblante cómo apoyándote en la almohada con tu rostro y hombros las manos las dedicabas a acariciar tus pechos y presionar tus pezones, mientras dejabas que tu hombre hiciese temblar tus piernas.
Ese día aprendiste algo lo cuál sin ningún género de dudas recordarías. No está bien mentir. Hay veces en las cuáles las situaciones, en un principio más “indeseables” se convierten en las más anheladas, al igual que en otras tras probar forzosamente algo lo cuál en un principio despreciabas, acababas convenciéndote de lo contrario… Esta lección te enseñaría a sincerizarte profundamente con quién ello merecía, que no era otro más que yo.
De mano de
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Nombre del relato De Crucero
Capítulo 9. (Prueba Final.)
Buenos días,
Voy a ver si me pongo a escribir algo y demás, que tengo varias cosas en mente las cuales espero sean de vuestro agrado. A continuación os voy a dejar con la novena parte del relato de Val, el de la Secretaria Incondicional. He suprimido las restricciones del foro para acceder a los relatos de modo que cualquiera puede leerlos sin por ello necesidad de estar registrado. En la columna de la derecha, practicamente al final hay un apartado llamado enlaces dónde se encuentra el correspondiente al foro, por si perdísteís el hilo aquí os dejo el enlace a todos los relatos de la secretaria: Pincha aquí para ir directamente al foro con todos los capítulos. Nada más que añadir, disfrutad. =]
Hoy es el día se dice Valerie, varias semanas de trabajo intensivo, no ha habido casi tiempo para el ocio. Deja unos documentos sobre la mesa y llena una taza de café, la toma entre las manos y se sienta en el sillón que preside su Salón... toma de nuevo la nota y relée... ""Srta Monroe, Es mi deseo que esta noche venga a mi casa.. Tenemos algunos asuntos a tratar.. Edward" ... Sólo esas palabras.. palabras casi como una órden, órden que acatará sin objeción alguna, ya está vestida...
Se ha esforzado en ello, un vestido negro entallado y suficientemente corto, como para que sus largas piernas, luzcan petreas como columnas, sostenidas por los zapatos de tacón de aguja.. medias de seda, una costura en la parte de atrás, que denota la perfección de las mismas... Se mira al espejo y observa la parte de atrás del vestido, el escote del mismo, llega casi donde la espalda se divide en sus perfectas nalgas y la cual está adornada por una cadenita que cae por su centro, la letra de oro se mece excitandola con su roce.
El cabello recogido en un moño algo despeinado, con mechones que caen por el rostro... pinta sus labios de un rojo sangre y los ojos delineados de tal forma que el gris de los mismos, crean un magnetismo especial... Toma el abrigo y sale de casa... pocos minutos después ya en casa de Edward, él abre la puerta y queda embelesado, despojandola del abrigo, besa su cuello, no dice nada, sólo una palabra -"Perfecta"-,... para ir pasando el indice por la cadenita de la espalda, haciendolo desaparecer por entre sus nalgas.. sonrie complacido y las acaricia.. se acerca a ella y lleva la mano a su vientre, apretandola de tal forma que sienta cómo una erección se hace incipiente por el deseo provocado al ver su sensual apariencia.. Su mano se entretiene en acariciar su sexo sobre el minúsculo vestido, lo alza rozando despacio uno de sus muslos y perfilando la suave piel de su ingle, para dirigirla luego hacia la tibieza del mismo, el cual acaricia, rozando su clítoris que humedece premeditadamente con suaves roces queriendo excitarla, anunciandole asi, lo que quiere de ella esta noche.
- Perfecto Srta Monroe, veo que conforme a mis deseos.. siempre está preparada. Esta noche no quiero ser molestado.. Espero que no le importe.. ya encargué la cena- Le señala la mesa perfectamente preparada con una vela encendida en el centro... y tomando de la mano a Valerie, la insta a sentarse, no sin besar la nuca de la muchacha, pasando la lengua por la misma.. - Deliciosa Valerie...como siempre --
La cena termina, distendida y amena.. asuntos referidos al negocio.. Edward se levanta y toma la mano de Val. acompañandola hacia la chimenea.. la hace arrodillar despues de que teniendola de espaldas, ha introducido las manos por el gran escote del vestido, rozando su cuerpo bajo el suave tejido.. acariciando su vientre, para bajar la mano por el mismo hacia su sexo...
La hace inclinar la cabeza ligeramente, besa su nuca, lame su piel, la excita, es su juego ahora, recordando lo sucedido la última vez que estuvieron "juntos".. - Me gusta Señorita Monroe.. quiero tenerla esta noche .."incondicionalmente" -- Le susurra al lado del oido,una voz grave, aterciopelada, no la dejará relajarse... la besa por los hombros, desplazando el vestido hasta el punto en el que uno de los pechos queda visible, aferrandolo con la mano , lo acaricia, pinzando el pezón entre los dedos.. sin dejar de excitarla con los dedos, que se pierden entre sus tersos muslos...
Valerie no se percata de que Edward. toma una ancha cinta de seda negra, la cual pone sobre sus ojos, cegandola completamente... sigue besandola, mientras poco a poco desnuda su cuerpo por completo.. Sólamente quedará vestida con el liguero de encaje y las medias de seda negra, los zapatos... los cuales acaricia como un fetiche y la cadena dorada que luce la letra "V" de oro.. Letra con la cual va arañando su cuerpo, con pequeños roces en los lugares más sensibles, para pasar la lengua por los mismos..
Ceremonialmente, comienza a besar cada parte de su cuerpo, admirandolo, recreado en su perfección.. Le toma las manos y las ata con un cordón dorado.. alzándolas la hace suspender de una pequeña argolla del techo, lo justo para que quede a la altura que él desea... Unos pasos se escuchan en la estancia ahora... mueve la cabeza extrañada... y sólo escucha una voz profunda, la cual a esa distancia, la hace entender que el propietario de la misma, se ha acomodado en un sillón de cuero, el tintineo de cubitos de hielo, resuenan en un vaso unidos a.... - Es perfecta , eres digno hijo mio.. digno de seguir mis pasos.. - No sabe que va a suceder, pero no le importa, es su Jefe y ella está dispuesta a complacer todas sus órdenes....
De mano de
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Nombre del relato Valerie
martes 20 de enero de 2009
Deseo
Buenas tardes.
Finalmente he decidido hacerme un blog, si veis algo descuadrado no os preocupéis, seré imbécil yo y mis nulos conocimientos de html. Para abrir e inaugurar voy a poner un relato el cual ya escribí hace tiempo. Y sin más dilación y esperando sea de su agrado, me despido, servidor.
No pude evitarlo… Es algo superior a mí, al ver… Tus pechos, aún no viéndolos tal y cómo yo querría… Es una sensación extraña… Siento el impulso de extender ambas manos, de tocarlos, quiero cada uno de ellos entre mis manos… Quiero que sientas el calor de mi lengua sobre ellos, que veas el reflejo de la tenue luz del cuarto dónde nos encontraríamos resplandecer tras la estela de saliva que dejaría mi lengua… Abrazarlos, sentirlos apretados contra mi pecho, tocarlos, masajearlos… Apretarlos en los momentos más pasionales y lujuriosos de nuestros encuentros…
Quiero que sientas mi húmeda lengua trazar círculos alrededor de tus pezones, mis dientes presionarlos, tirar de ellos… Quiero oír tu respiración alterarse, los latidos de tu corazón en aumento, quiero que mientras juegue con tus pechos y lleve la mano libre a tu vagina la note húmeda, deseosa de mí… Pero aún no ibas a suplicar… No puedes hablar sin el consentimiento de tu amo, pequeña… Oh, no… Podrás suplicar sólo y cuándo tu dueño y señor te permita hablar… Emplearás bien las pocas palabras que puedas usar, las emplearás en humillarte, degradarte, en someterte ante mí…
Quiero… ¡Necesito! Tomar tu dulce néctar… Deleitar a cada uno de mis sentidos con el olor de tu sexo, su tacto, sentirlo húmedo, ver cómo se contrae, cómo ansioso pide más y más, cómo lubrica, cómo anhelas que deje de trazar círculos en torno a tu clítoris para que comience a lamerlo de una vez, quieres desfogar, correrte en mi boca…
Pero para eso, aún te queda mucho que sufrir…
Mide tus gestos, mide cada uno de tus movimientos, ya que podría ser reprimido, para tu dolor y disfrute por la firmeza de mi mano, habla sólo cuándo se te ordene, acciona sólo y cuándo te sea permitido. “¿Crees que puedes hacer algo lo cuál agrade a tu amo?” “¿Crees que por eso tienes potestad para llevarlo a cabo?” “Cállate, zorra, no te extralimites en tus funciones, limítate a obedecer, a callar, anhelas muchas cosas…” Te asustan otras tantas… Y aún así sabes que lo vas a probar todo… A su debido tiempo, pero ves que el tiempo pasa lento, ves regodeándome ante tu impotente mirada, ante tu sexo, el cuál no hace más que desprender ese néctar tan preciado para mí… “Lubrica, pequeña, lubrica, piensa es por tu propio bien…” ¿Para qué usar remedios artificiales pudiendo usar tus propios flujos para lubricar tu ano…? ¿Crees va a doler? Yo creo vas a disfrutarlo, ¿Te dolerá al principio? El fin justifica los medios, Nicolás Maquiavelo; sigamos su doctrina.
No quiero explayarme, no en exceso… Todo fue un impulso, quedé ensimismado mirando esa foto… Tu cuerpo… Tus pechos…
Tan sublime figura sólo es digna de aquel que sea capaz de llevarla al más delicioso éxtasis que pueda sentir en su vida, EXTENUACIÓN… Hasta ahí, vamos a llegar… Hasta ahí, te conduciré… Será entonces, cuándo tu rostro torne su expresión de infinito agradecimiento y relax a uno de dolor… Al sentir cómo eres marcada, ¿Cómo si de un animal te trataras…? No… Te sientes mucho más que eso, quedas marcada por el que es tu amo, el sentir el caliente semen de tu señor por tu vientre, muslos y pechos ya te es suficiente para entender que eres de su propiedad única y exclusiva, destinada para su disfrute, y para el tuyo propio siempre y cuándo se te sea permitido.
Tu cuerpo me evade a nuevas ideas, formas, hace que mi mente, esa maquiavélica máquina que tanto te gusta ver funcionar y así mismo contemplar plasmados los pensamientos en acciones las cuales te llenan de placer... Es poco lo que pido, ¿O tal vez no?
No te pido a ti. Lo EXIJO. Sabes que más bien temprano que tarde acabarás sucumbiendo al placer que de antemano sabes que voy a proporcionarte, quiero marcarte, quiero que seas mía, serás mi esclava sexual, la única, al igual que sólo me reconocerás a mí cómo dueño y señor de tu cuerpo, destino y deseos. Pero no dejaré que todo esto se queden en palabras.
De mano de
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