martes 24 de febrero de 2009

Violencia Policial




Capítulo 1.




Berlín; Veintitrés de Abril de Mil Novecientos Sesenta y Nueve.




Grupos y sindicatos anarco-sindicalistas -El equivalente a la CNT española.- toman las calles de Berlín, sus únicas armas son puños y piedras, si bien algún que otro cóctel molotov. Sus rostros cubiertos por pañuelos o cualquier otra prenda la cuál los ayude a ocultar su identidad.

Su mejor estimulante, la rabia contenida. Rabia acumulada durante años, impotencia ante la brutalidad policial, ante el abuso, ante los tercos núcleos de fascistas los cuáles infestaban las calles de todos y cada uno de sus barrios. La policía, como no podía ser de otra forma los apoyaba y protegía, y Aurora no estaba dispuesta a consentirlo más.


- Hoy es el gran día... Hoy será cuando midamos no nuestras fuerzas contra esos malditos perros, pues ventaja nos llevan tanto en número como equipamiento, pero no os achantéis... Sino nuestra valía y determinación. No déis ni un sólo paso atrás, ¿Me habéis entendido?

Determinación; era algo lo cuál hasta se podría decir que le sobraba a la joven. Firmeza, autoridad, eso era lo que infundaba e instaba a difundir entre sus filas.

Estaban frente a frente, miradas las cuáles destilaban odio y rabia, por el contrario los antidisturbios los miraban con cierto desdén, con esa prepotencia y aires de grandeza que siempre caracterizó a esos estúpidos y descerebrados perros a los cuáles responden al nombre de policías.



- Te quiero Carlos, todo saldrá bien cariño, ¿De acuerdo? - Dijo la pequeña Aurora al que era su novio, Carlos, acariciando su rostro con el dorso de la diestra. Tras eso se colocó un pañuelo palestino alrededor del rostro, aferrando una botella llena de queroseno, quemando el pañuelo que salía de la misma, lanzándolo mientras gritaba al unísono: - ¡A POR ELLOS, NO NOS DETENDRÁN CAMARADAS, LA CALLE ES NUESTRA...!

Tras eso se vieron rodar los primeros botes de humo por el suelo, la policía cargó con desmesurada violencia contra la dispersada multitud de manifestantes, a los pocos minutos todo era gente por los suelos, grupos de policías ensañándose con colectivos concretos, con personas concretas más bien. Siempre les gustaron eso de ir a por uno y lincharlo, malditos cobardes. Eso era lo que pasaba por la cabeza de Aurora, pendiente más que de ella de su novio, el cuál se limitaba a correr y tirar piedras de forma aleatoria a sus perseguidores.

- ¡Sí, así se hace camaradas, miradlos, se retiran, se retiran, no los dejéis escapar, perseguidlos! - La verdad es que se le hizo bastante raro el que huyesen sin más, no habían cargado ni tres veces con porras y a botazo limpio y ya se iban... Tal vez no se pudiesen permitir bajas, el caso es que se deleitó viendo arder a un par de maderos.

- Oh joder... Oh joder... ¡¡¡OH JODER RETIRAROS MALDITA SEA!!! - Bramó Carlos, en el flanco derecho. - ¡JODER HAN IDO A POR LAS PUTAS ESCOPETAS, ESTÁIS LOCOS SALID DE AHÍ O SUS...!!! - Un grito ahogado acalló dicha advertencia. No la del propio Carlos, sino la de Aurora. Teoricamente al disparar bolas de goma la distancia mínima son diez metros, teniendo siempre en cuenta que está prohibido apuntar de cintura para arriba. En ese caso, no fue así.

Pronto el suelo se tiñó de su joven sangre. Era una imagen más triste que repugnante la de ver la cabeza del joven literalmente reventada, pronto el odio y la venganza inundó los espíritus de los alocados jóvenes los cuáles corrieron prestos hacia el policía ensí. La segunda fila de antidisturbios tomaron el liderazgo, descargando sus municiones a modo de contención... Muchos cayeron, muchos, pero todos los demás siguieron, sin achantarse, liderados en todo momento por Aurora, la cuál dió un gran salto, golpeando con desmedida fuerza y violencia el torso del policía.



Le reventó el pecho. Es lo que tienen las botas militares con puntera de acero, que hacen pupita. Pronto la prendieron a base de golpes con porras y culatas de escopeta. Cada vez eran más los que retrocedían ante el terror que suponía ver camaradas mutilados por la artillería, moribundos por el suelo, retorciéndose de dolor y rodando sobre su propia sangre. Para colmo a lo lejos se oyeron sirenas, pero no la de las ambulancias, sino la de otra docena de furgones a modo de apoyo.

Lo único que le quedaba a Aurora... Sus camaradas, compañeros de risas, penas y llantos... Lo único que le quedaba... Veía desvanecerse, veía sus principios traicionados, viejas consignas las cuáles perdían su significado... La manifestación no tardó en disolverse cuándo llegaron los bomberos y comenzaron a barrer las debilitadas filas antifascistas con potentes chorros de agua a presión.

- No... No... Chicos, amigos, camaradas... No podéis... - Lo último que vió fue a Santiago, uno de sus mejores amigos pateando con brutalidad la cara de uno de los agentes los cuáles la retenían, tratando en vano de salvarla, observando aterrorizada como tras un golpe de culata su tabique nasal retrocedía hasta causarle la muerte.

- Teniente coronel Dimitri, hemos prendido a la supuesta cabecilla.

- Capitán... Has hecho un buen trabajo, bien sabes que te recomendaré a tus superiores, metedla en el furgón, nos vamos. Yo me ocuparé personalmente de interrogarla. - Dijo Dimitri, quitándose los guantes y subiendo al furgón, no sin antes tomar el mentón de la muchacha y alzar su rostro. - Vaya, ¿Dónde están tus amiguitos, huh...? - Dijo sonriente. A Aurora no se le ocurrió otra cosa más que el de escupirle, afortunada o desgraciadamente llevaba el casco, lo que sí hizo fue tomarla del pelo y tirar con fuerza, empujándola hacia adentro.



- Hijo de puta... Irán a por ti, ¿Sabes...? Puto madero capitalista de... - Esta vez fue un botazo en su estómago el cuál la hizo callar, aún no se encontraba esposada y pudo apoyar ambas manos en el suelo antes de contemplar como de sus labios prendían finos hilos de sangre, terminando por desplomarse, si bien es cierto que Santiago consiguió alcanzar el furgón con un último cóctel molotov, ni el mismo supo como, pero lo hizo.

- ¡JODER DIMITRI ESE BASTARDO PRETENDE JODERNOS EL FURGÓN! - Dijo su compañero totalmente alterado.

- Capitán cálmese, joder, está blindado. - Dijo Dimitri sin alterar lo más mínimo ni el pulso ni su tono de voz, negando lentamente.

Una vez Aurora despertó se encontró en una sala oscura, con un espejo grande a un lado y una única puerta, cuándo quiso levantarse se percató de que estaba atada a una silla, frente a ella, una taza con sopa caliente. Resultaba jodido el tener tantísima sed y no tener nada que echarse a la boca. Los minutos se le hicieron eternos, cuándo al fin, para su alivio o desagrado entró el capitán, el cuál tras dar unas cuántas vueltas en torno a ella y mirarla con cierto desdén sonrió.

- ¿Tienes sed?

- ¿A ti qué te parece...? - Respondió con patente odio y desprecio; éste hizo amago de responder, pero ella se anticipó. - Era una pregunta retórica... - Negó además lentamente a modo de desaprovación, gesto el cuál le costó un guantazo en la mejilla.


- Modérate, zorra. Dimitri no será tan piadoso contigo... - Tras eso se alejó, se oyó un ruído, algo metálico, como buscando algo. Pronto volvió, ya sin casco, dejando ver su larga y negra melena contrastar con sus verdes ojos. A decir verdad aún no sabía su nombre, aunque tampoco le interesaba... Lo que sí que le inquietaba era la serie de objetos que iba dejando sobre la mesa y los cuáles no alcanzaba a ver.

- Qué... ¿Qué es eso...? - Le fue imposible ocultar cierto miedo y temblor en su tono de voz. Por otro lado, él se limitó a sonreír, de una forma bastante ruín. - Nada... Instrumentos para el procedimiento... Rutinario... - Dijo quitándose la chaqueta, dejándola en un rincón. - ¡Dimitri, ya está todo preparado! - Bramó.


- ¡Ya voy maldita sea, estoy acabando con el interrogatorio once!

- Haha... Qué cabrón, siempre se queda con las mejores... En fin, voy a desatarte, puedes tomarte eso si quieres. - Tras eso se colocó tras ella, despojándola de las esposas las cuáles tantísimo daño le hacían.



- Eh... Una cosa... No quiero que... Bueno...

- ¿No quieres qué, pequeña? - Dimitri se encontraba con una toalla entre las manos, con el rostro mostrando una expresión de plena satisfacción, echó la toalla a un lado, acercándose a ella, dejándola contemplar a la luz de la única bombilla que iluminaba la estancia sus rasgos Arios.

Quedó a apenas un palmo de su rostro, relamiéndose y cogiendo una porra, estampándola contra su diestra. - Verás que llevadero se te hace el interrogatorio pequeña, verás qué llevadero...




Capítulo 2.



Aterrorizada; así es como se encontraba. Había oído barbaridades acerca de lo que se solía hacer en las cárceles entre presos, pero nunca pensó que eso pudiese ser factible en un mero interrogatorio, es algo... Rutinario, no podía ser que... Aurora dejó que la leve luz que trataba de iluminar toda aquella desesperación en sus ojos se hiciese visible, pero la penumbra predominó. Hasta que fueron gruesas lágrimas las que se hicieron merecedoras de ser vistas por ellos, destilando no sólo desesperación y miedo, sino además la practicamente vana esperanza de causar algo de pena en sus marchitos corazones.

- Oh, vamos... - Dimitri parecía ser que disfrutaba con el dolor ajeno, algo bastante propio de aquellos los cuáles fueron combatientes, aquellos los cuáles fueron colocados en primera línea de fuego, mera melée destinada a contener la ofensiva, carnaza. En todos y cada uno de ellos -Que no eran muchos los supervivientes.- era a quiénes más marcó la guerra, es más, para ellos todo esto era una postguerra, usaban crueles métodos en interrogatorios, tal y como hacían antaño.




Una de las peores torturas las cuáles se conocían era no dejar dormir a los interrogados. Simple, cuándo se les veía hacer amago de caer dormidos advertirles de que no cayesen dormidos, tras varios días la desesperación interior era tal que hasta preferían morir.

El haber oído tantísimas cosas relacionadas con las torturas y vejaciones a las cuáles eran sometidos los prisioneros era algo lo cuál inquietaba a la muchacha, aunque no menos que el hecho de tenerlos ahí, con una predisposición que no parecía la rutinaria y reglamentaria precisamente... Aunque tal vez sí que fuese rutinaria a fin de cuentas...





- Qué... ¿Qué vais a hacerme...? - Inquirió la joven con un hilo de voz, casi se podía decir que temblaba. - No te preocupes, es un mero cacheo, ponte en pie. - Aurora tardó en asimilar la orden, tragó saliba, poniéndose en pie, alzando ambas manos y dejando exhalar un profundo suspiro cargado de resignación. - ¿Así está bien...? - Alza las manos. - Puntualizó Dimitri, acompañando esas palabras con un seco golpe de porra en la corva de la muchacha, algo lo cuál inevitablemente la hizo doblegarse. - ¡Ah! - Replicó, aunque pronto se calló, sintió el impulso de gritar al ver como el capitán del cuál ni su nombre conocía la cogía del pelo de mala manera. - Creo que ha dicho que te alces, zorra. Dimitri posó la mano en el hombro de su subordinado. - Suficiente, ve preparándolo todo. - Éste asintió y se retiró a la mesa, extendiendo numerosos utensilios a lo largo y ancho de la aglomerada tabla. Entre tanto Dimitri se colocó tras ella, comenzando a cachearla de forma normal, si bien es cierto que el tiempo el cuál se tomó para cachear su trasero fue algo más prolongado del normal.

- Creo que está todo okay, desnúdate. - Imperativo, así se mostraba, no solía dar lugar a réplica alguna, aunque en este caso fue distinto, más que nada por la ignorancia de la muchacha. - Pero s... Señor... Usted dijo que estaba todo... - Un fuerte golpe en la mesa la sobresaltó, el subordinado de Dimitri bramó: - ¡NO HAS OÍDO LO QUE TE HA DICHO PERRA...! Es mero procedimiento, tenemos que asegurarnos... De que no lleves... Eh... - Ningún micrófono. - Le atajó, o más bien sacó del apuro Dimitri. - Dime pequeña, ¿Sabes la procedencia de OK? - Deletreó. Ella, obviamente negó. - Viene precisamente de la guerra... Cuándo veníamos del frente y nos reagrupábamos en el campamento para estudiar la estrategia del día siguiente había una pizarra en la cuál el Alférez indicaba los muertos y heridos, cuándo el día había sido limpio ponía en la pizarra 0k. Un cero y una "K".

- "Zero Kills" - Continuó el Capitán en un perfecto inglés. Con el tiempo el cero se fue haciendo "O" y de esa forma surgió la pronunciación "Okay", la cuál significa que todo está bien. Con el tiempo se fue transladando al ámbito cotidiano.





Dimitri seguía tras ella, esbozando esa misma sonrisa la cuál destilaba mezquindad y prepotencia. Se dispuso a aferrar directamente los pechos de la joven, sobre su sudadera, apretándolos con firmeza. - Digamos que con el paso del tiempo... Decidimos ir diversificando en los métodos tomados para hacer a nuestros prisioneros hablar... ¿En la variedad está el gusto, no?

Su subordinado rió con ganas, sacando una libreta de bolsillo y lanzándosela a su superior. En esta había un par de columnas, una con nombres y otra dónde había una "X" o en su defecto la palabra "0K". Justo en ese momento fue cuándo entraron un par de enfermeros.

- "¿Teniente coronel Dimitri? Nos han vuelto a avisar de un 'desmayo', ya sabe..." - Lo cierto es que puso una entonación un tanto rara a "desmayo", algo lo cuál Aurora rapidamente achacó a la única equis la cuál había en la libretita del capitán, estaba tensa, y no precisamente porque el Teniente Coronel Dimitri estuviese indagando y tratando de averiguar a la "antigüa usanza" qué talla de sujetador tenía, sino por ese nuevo dato.


- Creo que tras esa explicación... - Dimitri llevó los labios al oído de la joven, no sin antes mordisquear el lóbulo de su oreja, exhalando una bocanada de aire caliente. - Estoy seguro de que hoy, día Veintitrés de Abril de Mil Novecientos Sesenta y Nueve querrás que figure un "Zero Kills", ¿Verdad...?







jueves 19 de febrero de 2009

Zorra

Yeah, va por Inny, of course.





Y te veo nuevamente ahí, zorra… Tu reputación, a diferencia de que los más compasivos piensan, no te fue concedida en vano. Y lo sé yo, señor de tus actos, lo sé yo, dueño de tus pensamientos, lo sé yo, dictador de tus deseos.


Tu excitación es mi disfrute, siempre estoy disfrutando, es todo un show el ir en el transporte público contigo, el ver como acción tras acción lo único que haces es dejar patente lo perra que eres, no haces más que anhelar esas acciones las cuáles sueles decir que no te agradan, pero no nos engañemos, te pone que te toque entre la multitud, te pone sentir como el mero contacto del dorso de mi diestra sobre tu muslo ya te excita, como esa mano acaba en la parte interna de estos, como sube a tu ingle, y como te tienta en incontables ocasiones, haciendo que te muevas buscando el roce con tu húmedo sexo, recibiendo un buen mordisco en el cuello a modo de reprimenda.


- Disculpa, perrita, pero creo que lo propio no es eso… ¿Y si pruebas a pedirlo como es debido?


Callas y otorgas, te limitas a asentir, te muerdes el labio inferior, te acercas y te atreves incluso a aspirar mi aroma, a susurrármelo al oído. Pero ni tan siquiera eso mereces, perra. Deberías de saber cuál es tu condición, aceptarla y amoldarte a ella. Y no lo haces, y por ello serás castigada.

Lo primero que sientes es un firme azote en tu trasero, aún permaneces de pie pero pronto te insto a que te sientes, haciendo lo propio, junto a ti, pasando un chaquetón por encima.


- Hace frío, ¿Verdad?

- Sí, bueno… Un poco…


Zas. Un nuevo mordisco en tu cuello el cuál deja resbalar alguna gota de sangre la cuál no dejo desperdiciar pues pronto mi lengua, rauda la intercepta. Suspiras de forma agitada, tus pulsaciones se disparan al sentir mi mano sobre tu ropa interior la cual por cierto está empapada. Siento un pequeño bultito, algo que sobresale, pero decido indagar más aún, metiendo esa misma mano bajo tu ropa interior, sintiendo toda la humedad que ahí se desata, pinzando sin dilación alguna tu clítoris, algo lo cuál hace que te sobresaltes, alzas la testa, tus mejillas teñidas de rojo, ardiendo, y la gente preocupada por aquellos sonidos provenientes de los gemidos los cuáles tratabas de acallar.


Qué quieres, ¿Por qué no me lo dices directamente? Sé que lo estás deseando. Sé que así mismo la importancia que puedas darle al que te toque en público es practicamente nula. La gente te ve y se preocupa, te pregunta el por qué el color de tus mejillas, por qué tus nerviosos actos, dices que estás nerviosa simplemente; ¿Sabes lo tentado que estoy de decirles la verdad? ¿No?


Y es en ese justo momento cuándo te cagas en todo lo más sagrado al sentir como retiro la mano para simplemente ponerme en pie y hacer amago de contar lo que está ocurriendo, no sabes bien qué voy a hacer, sabes qué es lo que te gustaría, y no es precisamente el que mintiese, te reincorporas, aún colorada, sudorosa, haciendo amago de decir algo, y cuán grande es tu sorpresa cuándo observas como mi reacción es la de...




domingo 8 de febrero de 2009

Sweety








Capítulo 1.




Harta. Así se encontraba, definitivamente no aguantaría mucho más tiempo allí recluida, no porque hubiese echo algo malo, sino por un desagradable acontecimiento, un accidente de tráfico para ser más exactos, murieron sus padres y su hermano menor, el mayor estaba en Londres desde hace años y perdió el contacto con él hará unos tres meses. La rutina que llevaba era desalentadora... Criada entre algodones y estricta moralidad, cada día veía cosas las cuáles no hacían más que incitarla a salirse "Del buen camino".

Se sentía sola, diferente... Todas las noches golpes contra la pared conlindante, aunque no violentos... No en el mal sentido... Harta de escuchar los gemidos ajenos, harta así mismo de llegar a excitarse pensando en lo que podría ser...

[...]

La rutina de ese lluvioso día vino de mano de una carta del centro ensí, la abrió entusiasmada, no sabía qué podría ser. Al poco se encontraba dando saltos por la habitación, despertando por ende a sus compañeras, las cuáles dormían placidamente aquel domingo en el cuál sin ningún género de dudas cambiaría, pero... ¿Para bien...?

A sus amigas les resultó extraño. Por norma general ahí todas permanecían hasta los dieciocho años, no era común que adoptasen niños de tan avanzada edad, los solían querer de menos de cinco años, al menos normalmente... A todas sus amigas les pareció raro, mucho, pero claro, ella qué iba a pensar... Las tachó de envidiosas.

- Ya veo ya... Para una de nosotras que puede escapar de este maldito antro y pretendéis achantarme, ¿No...?

No atendió a razones, aceptó sin más, al día siguiente su "Nuevo padre" esperaba en la puerta, sonriente, no era lo que ella pensaba, ciertamente en un principio creyó sería algún abuelo bohemio ó similar, pero ciertamente se encontraba bastante bien conservado, de mediana edad, con una prominente cabellera oscura, al igual que sus ojos, de complexión atlética.

- Ho... ¡Hola papi! Jijiji... - Corrió hacia él, abalanzándose practicamente para abrazarlo.

- ¿Vamos a casa, quieres? - Ella asintió enérgicamente, dirigiendo una última mirada a las que fueron sus compañeras durante años, quizá cómo regodeándose, la mirada de las jóvenes no era de envidia ni nada por el estilo, sino más bien de tristeza, una incluso agredió al personal del centro preguntándole cómo era posible que la hubiesen dejado marchar; todo aquello estaba fuera de lugar.

En el transcurso del viaje camino a casa le contó su historia, su mujer estaba de viaje quién sabe dónde, hacía meses no hablaba con ella aún durmiendo en la misma cama, incluso pensaba seriamente en que era engañado, pero no tenía la picardía cómo para espiarla ó rebajarse a su nivel, la chica se compadeció de él, apoyando la cabecita en su hombro durante el resto del viaje.

Llegaron a casa, él le indicó dónde estaba su habitación pero... Ella prefería dormir con él, tenía mucho cariño que dar, al igual que mucho que recibir... Todo era perfecto, tenía alguien quién la quería, alguien a quién querer, hicieron planes para el próximo fin de semana... En fin, todo era perfecto...

Amaneció, tumbada de costado, abrazada a él, sin saber por qué se encontraba en un constante pero lento movimiento de caderas, miró hacia abajo, aún adormilada, lo que estaba haciendo no era ni más ni menos que restregarse contra su padre, el cuál obviamente, por la mañana, al levantarse pues estaba un tanto... "Alterado".

Ops, uhm, esto... Bu... Buenos días papi... - Dijo totalmente sonrojada, levantándose de pronto para dirigirse a la habitación contigua y cambiarse y demás. - ¡Desayunaré en el colegio nos vemos, te quiero!

Llegó a clase, contenta y feliz, aunque su rostro tornó más bien triste al ver al maestro de pie, repartiendo algo.

- Vamos, ¿A qué estás esperando, quieres que te aplaudan por haber llegado tarde?

- No... No es eso profesor yo, esto... - Se acerca a uno de sus compañeros. - No me digas que hoy es el examen de evaluación... - Inquiere notablemente preocupada, su compañero asiente y esta se desespera por momentos, tomando asiento, ya con el examen sobre la mesa. Lo había obviado completamente, si no sacaba buenas notas volvería al centro. - No... No...

El resto del día se le hizo eterno hasta llegar a casa, se lo contó todo a su padre, era jodido vivir con la quimera de no saber qué sería de ella, de igual modo alguna solución buscarían, cómo el bien dijo...


Capítulo 2.


Despertó de madrugada. Serían las cinco ó las seis de la mañana, aún quedaba para ir al colegio, eso sí, despertó empapada… El simple hecho de recordar lo que pasó la otra mañana le hacía estremecer, la curiosidad la invadía, y a ella sí que no podía enfrentarse… Llevó la zurda hasta la entrepierna de su padre, acariciándolo, lentamente… No tardó mucho en reaccionar, fue entonces cuándo metió la mano bajo su pijama y ropa interior, comenzando a hacer movimientos lentos, aunque firmes… Cuándo se quiso dar cuenta lo tenía encima, literalmente. – Ups… Esto… Papi, yo lo siento, no quería… - El negó lentamente, sonriente, se rebajó hasta la altura de sus caderas, dando un fuerte tirón tanto a su pijama cómo su braguitas, las cuáles estaban caladas, parecía ser que no estaba dormido… Quién sabe, tal vez hubiese sido él el artífice de toda esa humedad… No tardó mucho en estar acariciando su ingle, usando la punta de la lengua para lamer los muslos de su hija, por dónde ya resbalaban sus flujos.

- No… Papi no, eso no… - A pesar de todo el deseo que sentía, no quería perder la virginidad… No con su padre… Llevó ambas manos a su pelo, tirando levemente. – Papá por favor… Para…

- Hé… - Sonríe. - ¿Acaso no lo quieres…? – No dice nada más, ella calla, ergo otorga, no tarda mucho la pequeña en sentir la llama de uno de los dedos de su padre presionando su clítoris, ah, deliciosa presión… Trazaba círculos a su alrededor, y ella no cesaba de lubricar… Quería más, quería algo más… Y pronto lo tuvo, sintió cómo una de las manos se dedicaba a abrir sus labios, para poco después sentir su lengua ahondando dentro de ella, acariciando sus paredes, queriendo recoger todo el dulce néctar que su vagina desprendía para él, alzó una de las manos, metiéndolas bajo el pijama, tirando del sujetador hasta soltarlo, dejándolo a un lado cómo buenamente pudo para entonces apretar su pecho, con firmeza, poco después se encontraba pellizcando su pezón, frotándolo entre los dedos pulgar e índice, una operación similar al frotamiento que realizaba en su clítoris con la otra mano, mientras no cesaba de lamerla…

Ciertamente había perdido la cuenta de cuántos orgasmos habían sacudido su cuerpo, lo que sí tenía claro es que quería algo más… El padre se puso de rodillas, despojándose de toda ropa para echarse sobre ella, pronto sintió su miembro, el cuál podría ser clasificado de muchas formas, pero no precisamente de discreto, lo sintió en la entrada de su vagina, ella colocó ambas manos en los hombros de su padre. – No… ¡Papá no por favor… Papá… Ahhhh…! – Un grito desgarrador inundó la habitación.

Él contemplaba excitado cómo su miembro no salía recubierto e impregnado de sus flujos, sino también de su sangre, suspiró, volviendo a arremeter, los pechos de la muchacha botaban acometida tras acometida, penetraciones las cuáles dejaron de ser fuertes, sólo para pasar a ser violentas, ella se mordía el labio con fuerza, no quería admitirlo. - ¡Para, para papá para por favor…! – Suplicaba, realmente lo disfrutaba, vaya que sí lo hacía…



Capítulo 3.


Pero no quiso aceptarlo, acabó volviéndose a correr, extasiada y ansiosa le pidió que cesase, para ahora colocarse ella voluntariamente a cuatro patas. – Por aquí, papá… - Poco tardó en volver a sentir su miembro, el ano de la muchacha tratando de dilatarse lo más rápido que pudo, ayudado por los dedos de su padre, los cuáles previamente introdujo en su vagina, para tras esos dirigirlos a su trasero, lubricándola con sus propios fluidos, para tras eso sí… Arremeter, una y otra vez… Ella volvió a irse, excitada por los golpes de sus testículos en su vagina, sintiendo al poco cómo una oleada de semen, caliente, la inundaba por dentro…

Cayendo rendida, dejándose desplomar, tratando de recuperar un ritmo de respiración medianamente normal. El padre se tumbó de costado, mirándola, acarició su cara con el dorso de la diestra, retirando su flequillo para tras eso besar su frente con afecto. – Niña buena. – Se limitó a decir.

- Dios mío… - Miró el reloj, hoy era la recuperación del día anterior, y… Ya llegaba tarde… Fue rápidamente a ducharse, sin detenerse a desayunar, llegó en el cambio de clase.

- Vaya vaya vaya… Parece ser no tenías tanto empeño cómo yo pensaba en aprobar el examen… - El maestro rió de forma mezquina.

- Por favor profesor… Necesito aprobar ó… Me llevarán de nuevo al centro de menores y… No quiero permanecer ahí año y medio más yo…

- ¿Qué harías? – Le atajó, no fue muy conciso.

- Pues… Yo… No me importaría, lo que fuese necesario… - Respondió ruborizada.

- Bajo mi mesa, ahora. – Volvió a sonar el timbre, hora de regresar a clase, ella, totalmente confusa obedeció, aún nadie se percató de que había llegado.

Todos entraron a clase, ella ya se encontraba bajo la mesa, al verlo sentado, en el estado que estaba lo comprendió todo… Lo que no se había degradado en toda su vida lo iba a acabar haciendo en un solo día… No pudo evitar reprimir gruesas lágrimas las cuáles brotaron de sus ojos, resbalando por sus mejillas, negó lentamente, resignándose al final, se acercó de rodillas a él, bajando su cremallera y sacando su miembro… Era raro –No para ella, obviamente- que un profesor de tan extremada disciplina dejase hacer a los alumnos lo que quisieran en esa hora, unos escuchaban música, otros jugaban a tirarse avioncitos… Lo típico, cada uno a su bola, estando también el típico nota haciendo cómo que estudiaba, claro está.

- Vamos. – Dijo por lo bajo, llevando la mano hasta el cabello de la muchacha, tirando de el con brusquedad.

- Vo… Voy… - Tomó su miembro, se ayudó de las dos manos, comenzando a masajearlo, lentamente… Observando con media sonrisa cómo pequeñas gotitas de semen asomaban, sintió curiosidad, más que nada… Quería matizar sabores, se lo llevó a la boca, le fue difícil, muy difícil, pero finalmente lo consiguió, comenzó lamiendo su glande, aunque no tardó mucho en tratar de meterlo en su boquita, haciendo que los cabeceos fuesen cada vez más y más constantes, más bruscos, comenzaba a saborear su semen, observando el ligero tembleque de sus piernas, consideraba no era justo… Fue por ello por lo que se retiró lentamente, con la señal de desaprobación del maestro, el cuál le dió con el talón en el costado. – Es todo tuyo. – Se refería a lo que acontecía, y ella lo sabía, pasó la yema de sus dedos por su glande, retirando parte del semen para inmediatamente seguir lamiéndolo, ahora sí, llevo esa mano a su sexo, estando de rodillas, comenzando a masturbarse con los dedos impregnados en su leche, totalmente excitada, sorprendiéndose hasta ella misma de la rapidez con la cuál se corrió, ahogando los gemidos que precisaba soltar en cada uno de los cabeceos, hasta que finalmente, recibió su recompensa…



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sábado 7 de febrero de 2009

Liberación de Cuerpo y Mente.



Capítulo 1.



Llaman a casa, ¿Quién podrá ser hoy, con el mal día que hace? Eso es lo que pasó por tu cabecita, inmediatamente después recordaste una cita muy concreta: "Desde hoy, en cuánto llueva te llevaré ahí." No hubo más datos; ella se encogió de hombros, acercándose para abrir la puerta y encontrarlo ahí, trajeado y empapado, hizo amago de decir algo aunque su voz fue acallada por el estruendo de la tormenta, sin más aferró tu mano para cerrar la puerta tras de ti.

- El coche está al otro lado de la calle. - Corrieron hacia el coche, una vez entraron fue cuando se aventuró a preguntar. - ¿Pero no deberías de estar trab...? - No pudo continuar la frase pues la acalló con un beso. Recostándose como buenamente pudo en el sillón y tomando su mentón entre los dedos pulgar e índice besó con suavidad y dulzura sus labios.

- Dudo mucho que en un día como hoy acudan muchos clientes, además, creo recordar que te prometí llevarte a cierto sitio en cuanto lloviese, ¿Recuerdas? - Ella asintió sonriente, contemplando como él quedaba ensimismado, observando la lluvia golpear las lunas del vehículo, recreándose en la belleza de esa gris ciudad recubierta por el mágico manto de la lluvia, acompañada de esa purificación del aire tan necesaria.

- En marcha. - Arrancó el coche, pero antes de instarla a colocarse el cinturón sacó de la guantera una fina tira de terciopelo con la cuál vendó sus ojos. Tras eso, volvió a besarla y puso el coche en marcha. - Vamos... No seas malo, dime donde me llevas... - Esa vocecita de niña buena en muchas ocasiones me había podido, pero este no era el caso. - Ah no, hoy no colará, cariño. - Dijo metiendo primera y emprendiendo su marcha, marcha la cuál no duraría más de tres cuartos de hora, los cuáles a ella se le hicieron eternos.

- Ya puedes quitarte la venda, cariño. - Ella giró la cabeza hacia la misma dirección de la cual provenía esa voz la cuál la embelesaba y tanto le agradaba oír. Pronto los baches que plagaban el semiasfaltado camino hicieron del que hasta ahora era un agradable viaje se convirtiese en uno mas bien tedioso, más aún cuando el único material que recubría el camino era tierra. - Qué bonito... - Ella quedó absorta en el paisaje, una enorme explanada sembrada de trigo o cebada, a lo lejos se alcanzaba a distinguir un molino abandonado. - Hmm... Dime, ¿Iremos allí como la otra vez...? - Recordó divertida la última experiencia vivida entre montones de heno.

- No, esta vez no...



Capítulo 2.


De igual forma ella ya había desechado esa idea al ver como se adentraban en la espesura del bosque. Aunque el día hubiese sido soleado dudaba que el follaje permitiese filtrar una cantidad de luz lo suficientemente alta como para ver sin ayuda de una linterna o similar, ahí dentro apenas caía agua si bien es cierto que a lo lejos se oía con furia el tronar proveniente de la tormenta.

- Creo que por aquí había una ciénaga o algo por el estilo oí, ¿Es eso...? - Ella lo miró, tumbando la cabeza hacia un lado, el sin embargo se limitó a negar lentamente. Pronto el coche se detuvo. - De ahora en adelante tendremos que ir a pie, vamos. - Ambos bajaron del coche y se encaminaron hacia las profundidades del bosque, éste no tardo en rodear la cintura de su novia con la diestra.

- Basicamente, cariño, te he traído aquí para disfrutar de un día en libertad, para liberarte de ti misma y que disfrutes en libertad. - Ella no entendió nada, supondría que sería algún picnic o algo por el estilo, lo que no sabía era cuán descaminaba iba si pensaba en eso...

Lo cierto es que hasta ese día, y a pesar de llevar juntos un tiempo relativamente más que suficiente, no habían indagado mucho dentro de la sexualidad, no por falta de confianza sino... Por una serie de prejuicios arraigados a la mente de la muchacha los cuáles no le hacían disfrutar del día a día todo lo que le gustaría, y hoy, era el día de dejarle todo claro y mostrarle cuán equivocada estaba al respecto. Finalmente llegaron a un claro entre toda esa masa de hojas y ramas, seguía lloviendo.

- Huh... Tal vez deberíamos de darnos la vuelta o seguir adelante, pero no quedarnos aquí, está lloviendo y me pondré empapada... - Él sonrió ante ese comentario. - Oh descuida, acabarás más que empapada. - Ella se sonrojó al instante y lo empujó con aire infantil. - ¡Tonto! - Sin embargo, éste "cayó desafortunadamente" sobre la hierba, la cuál amortigüó el golpe. No se le ocurrió otra cosa más que el coger su tobillo y tirar con fuerza, haciéndola caer para una vez en el suelo avalanzarse sobre ella, sonriente, sin darla tiempo a mediar palabra, besándola.

- Shh... - La silenció con el dedo índice al ver como hacía amago de revolverse, no por cualquier cosa, sino porque sentía como la diestra de el joven se deslizaba por su ya empapada camiseta, quedando estática una vez llegó a la cintura. - ¿No eras tú quién pedía un día en libertad y naturaleza...?

- Bueno... Tampoco... - Otro beso volvió a silenciarla, esta vez arqueó un poco la espalda y abrió los ojos de una forma un tanto repentina, sintiendo como la zurda era esta vez la cuál la acariciaba, como se introducía bajo su camiseta, y como acariciaba con el dorso de la mano y de forma lenta su pecho. - Hoy he decidido explicarte la solución a todos tus prejuicios, hoy he decidido comentarte el por qué sigues unos estereotipos marcados, hoy he decidido exponerte cuál es la libertad que crees estás viviendo... Hoy, he venido aquí contigo para liberarte.


Capítulo 3.


- Pero... Yo no... - Un nuevo beso la volvió a silenciar, esta vez más apasionado, más ardiente... Finalmente ella cerró los ojos, sintiendo todo el calor que desprendían ambos cuerpos, sintiendo así mismo la excitación del joven al rozar la ingle de su pareja, para él todo ello era excitante, verla ahí tumbada, sentir su entrecortada respiración, notar como su pulso aumentaba hasta límites los cuáles sólo conocían los deportes más exigentes. Ella no sólo sentía la excitación de él, sino también la suya propia, nunca había estado en una situación así, y el olor a tierra mojada, esa sensación de libertad por una parte y sumisión por otra era algo lo cuál resultaba más afrodisíaco aún.

- No... No puedo... Ya sabes qué... ¡Ahhhh...! - Un repentino grito ahogado por el placer anunció el gesto tan anhelado por el joven; había introducido la diestra bajo no sólo su pantalón, sino su ropa interior, comenzando a acariciar de forma suave su sexo, superficialmente, deteniendo un par de dedos y utilizándolos para estimular su clítoris. - Ahora vamos a dejar las cosas claras, cariño... - Ella tragó saliba de forma un tanto precipitada, totalmente roja por la situación la cuál se le planteaba, realmente... No es que no quisiese, sino que no... "Debía".

- Empecemos, cosita... - Dijo ejerciendo un poco de presión sobre su clítoris, algo lo cuál la hizo echar la testa hacia atrás. - ¿Por qué reprimirte...? Sé que han sido incontables las ocasiones en las cuáles por una cosa u otra, te has sentido... "Alterada", y es eso algo lo cuál no vas a negarme, ¿Verdad...? - Ella negó rapidamente, emitiendo pequeños gemidos ante esas caricias. - Bien, así me gusta... Al igual que es cierto que en algunas ocasiones, leyendo ciertas cosas o... Escuchándome narrártelas también has sentido... Ciertos impulsos... Y te restaban dos opciones, una, hacer caso al cuerpo e instinto... O dos, pensar en todos esos estereotipos y mantenerte quieta e impasible... - Tras reflexionar momentáneamente sus palabras, se dispuso a protestar. - Pero yo no deb... - Un nuevo grito de placer volvió a mermar su réplica, dejándola en una placentera muestra de lo mucho que le agradaba escoger la primera opción, la de liberar por completo su cuerpo para así dejarse deleitar por los placeres que la naturaleza le brindaba y que esta maldita sociedad le privaba.

El observó complacido como el introducir lentamente los dedos corazón y anular habían dado el resultado esperado, más aún cuándo comenzó a moverlos en círculos, acariciando lentamente sus paredes, comprobando sonriente como su sexo no hacía más que segregar aquellos deliciosos flujos con los cuáles tantas veces había soñado. - Hoy, pequeña, voy a despejar esos tabúes que nublaban tu mente y te hacían meditar si estaba bien o estaba mal... - Él fue aumentando el ritmo, ella reaccionó haciendo que esos gemidos cargados de inocencia y placer fuesen resonando y mezclándose con el de la lluvia al morir sobre la húmeda tierra.

- Entonces qué, pequeña... ¿Volverás a reprimirte cada vez que te llame... Cada vez que lea algo lo cuál te incite a hacer algo...? - Ella negaba, sentía que estaba cerca, cómo ese enorme placer se acercaba, le daba igual el orgullo, le daban igual todos los prejuicios, al fin había aprendido a liberarse realmente, aprender a disfrutar de la libertad... - En ese caso, si tanto has aprendido... - Dijo el cogiendo la manita de su novia, extendiéndola hasta llegar a su sexo. - Termínalo tú pues. - Ella abrió la boca, hizo amago de decir algo, en cierto modo quería que siguiese él, quería a su vez darle placer, lo veía notablemente excitado, pronto lo sintió sobre ella besandola el cuello, apretando con fuerza su pecho mientras sin más, se limitaba a masturbarse, gimiendo en alto, a su oído, haciéndole saber así, que al fin, había ganado la batalla y la guerra contra el que hasta ahora era su peor rival: La irracionalidad.

martes 3 de febrero de 2009

Trata de blancas




Capítulo 1.


La muchacha se adentró de forma tímida en la habitación, no estaba acostumbrada a eso, pero era cuestión de vida ó muerte, no de la suya propia, sino de la de su hermanito, tras el reciente fallecimiento de sus padres en un trágico suceso, es por ello por lo cuál accedió de buen agrado.

Sus pasos no emitían el más mínimo sonido, iba descalza, sintiendo el suave tacto de la moqueta bajo sus pies, el olor a incienso que inundaba la habitación, las numerosas velitas, y las telas que prendían del techo que iban desde tonalidades anaranjadas a las color púrpura.

Mi... ¿Mi señor...? - Dijo con patente nerviosismo en el tono de voz. Se acerca al sillón que se encuentra frente a la chimenea, lo único que alcanza ver es el brazo de su "Amo". Horas y horas de preparación e inculcación de conocimientos los cuáles hasta le parecían ridículos, los cuáles sin embargo le servirían para sobrevivir, se arrodilló cuidadosamente para tras eso arrastrarse hasta él, aún sin atreverse a mirarlo.

Finalmente queda interpuesta entre lo que es la chimenea y él, este se digna incluso a mirarla. - Puedes alzar el rostro, tienes mi permiso. - Levanta la mirada, buscando su mirada, las facciones de su cara no denotan maldad, no en apariencia, sonríe, se confía quizás. - Gracias, mi señor... - Parecía ser no le costaba tanto, sigue con la mirada todos y cada uno de sus gestos, lo ve alzarse, atraviado con un negro batín, se acerca a un mueble cualquiera, no alcanza a distinguirlo pues la luz es ténue en exceso para su gusto, al poco regresa sobre sus pasos con una pequeña cajita metálica, la cuál deja justamente a un lado del sillón, en una mesita auxiliar dónde reposaban un par de copas llenas de algún tipo de bebida alcohólica.

- Ven. - No dice nada más, da unas cuántas palmaditas en su regazo, mudo gesto el cuál bastó para que se pusiese en pie, dispuesta a sentarse. Era joven, quizás en exceso, catorce años a lo sumo; se despojó de la única prenda que cubría su cuerpo, un albornoz. Ya sabía de sus gustos y preferencias, era una baza a su favor, al menos de momento, se sentó, dándole la espalda, no por falta de respeto, nada más lejos de la realidad, sino porque simplemente aún no era digna cómo para tenerlo cara a cara.

Aquí me tiene... Mi señor... - Su voz ya no denota inseguridad, va cargada de dulzura y cierta sensualidad, se deja llevar... Le va agradando la situación, le da morbo, la excita... Pronto las manos del hombre recorren sus costados, en un principio hace amago de cubrirse, pero este coge la mano de la muchacha, dejádola sobre su propia pierna, sin necesidad de inflingir azote ó correción alguna -De forma momentánea- prosigue con las caricias, no tarda mucho en tomar sus pechos entre sus manos, acariciándolos suavemente, en un principio, dejándola sentir poco después la deliciosa presión de sus dedos sobre sus pezones, los cuáles irremediablemente tornaron erectos, comenzando así mismo su vagina a lubricar de forma involuntaria, fluidos los cuáles resbalaron por la cara interna de sus muslos hasta llegar incluso a la pierna de su Amo.

- Vaya... ¿Qué es esto...? - Pasa una de las manos por su ingle, por las inmediaciones de su sexo, haciéndola sentir la necesidad, pero no calmando su ansia, limitándose a recoger parte de sus flujos sin por ello dotarla de placer directo, lleva la mano a sus labios, lamiendo uno de los dedos. - Hmm... - Asiente cómo gesto de aprobación, algo lo cuál ella no ve, se pone nerviosa, pronto siente uno de los dedos de su Amo tratando de entrar en su boquita, repasa con el dedo sus labios, llenándolos de sus propios flujos, ella no se demora en lamerlos, sabe eso le excitaría, y recibe su recompensa... Lleva los labios a su cuello, o besa, lame tras la oreja de la joven, mordisquea su lóbulo... Un par de dedos los cuáles comienzan a acariciar su clítoris, arquea la espalda, deja escapar un hálito cargado de placer, del más inocente, puro y destilado placer que pudiese haber ofrecido hasta entonces, contemplando con curiosidad cómo la mano libre ya no se afanaba en acariciar su pecho, sino que rebuscaba entre la metálica cajita, hasta al fin encontrar lo que buscaba...





Capítulo 2.


Algo metálico. La chica cerró los ojos, sabía que sería mejor así, él cogió un pequeño frasquito, virtiendo una única gota del líquido que contenía en su clítoris. - ¡Ah...! - Escocía, mucho, además. Mientras dejaba que fuese haciendo efecto este sacó un par de pinzas, metálicas, llevó cada una de ellas a sus pezones, reguló la presión que debían de ejercer en un principio, dulce presión...

- Qué, pequeña, ¿Escuece ya...? - Inquiere con una pícara sonrisa.

- No... No, ya no... - Niega en reiteradas ocasiones, aún sin atreverse a mirarlo, de espaldas a él, se muerde el labio inferior, sintiendo la presión de los pequeños dientes de las pinzas al presionar sus ya erectos pezones.

No se demoró en exceso, llevó lo que parecía un pequeño cubo de hielo hasta su sexo, habiéndolo pasado previamente bajo su ombligo, deslizándolo por su ingle hasta al fin llegar a su sexo, paliando en cierta medida aquel escozor, se volvió mucho más sensible de lo normal, lo comprobó una vez su Amo pasó la llema de sus dedos por su clítoris... Se sobresaltó, tratando en vano de reprimir un gemido, que no quejido, no, sino gemido.

- Parece ser el perfume te sienta bien, ¿No crees...? - Huele su cuello, lo besa, lo mordisquea... Frotando la mano contra su sexo cada vez con más rápidez, buscaba el dilatarla relativamente pronto, aún le quedaba, posiblemente sería una de las noches más largas a la cuál se tuviese que enfrentar la pequeña, la cuál comenzaba a moverse más de lo normal, sin saber bien qué debía hacer ó no, por el momento aguantaba, trataba de hacerlo... Su Amo volvió a introducir un único dedo en su vagina, mientras no dejaba de frotar su clítoris, meramente para notar y sentir las contracciones de su vagina así tantear cuánto le quedaba, y no era mucho, no era nada, la sensibilización que indució con el perfume en su sexo fue mucho más efectiva de lo que pensó.

- Hazlo. - Ordena. Segundos es lo que tarda en oír ese celestial sonido, acompañado de la expulsión de flujos y más flujos, calientes, los cuáles bañaron el dedo que mantenía introducido en su sexo, tras eso metió otros dos más, siendo ya tres los que tenía dentro, poco le costó introducirlos, lo hizo para sacarlos al poco, para volver a relamer un par de dedos, ofreciendo el restante a la pequeña, la cuál lo aceptó de buen agrado, lamiéndolo con ansia.

- Buena chica... - Acaricia su cabecita, cómo si de una perra se tratase, algo lo cuál la degradó bastante, bajado la mirada. - Levántate. - Ella obedece obediente, se alza, poco tarda en volver a verlo rebuscar entre la cajita. - A cuatro patas. - Se limita a decir, su voz denota firmeza, determinación, ella no duda en dejarse caer sobre la moqueta, mirando al fuego, tratando aún de hacer de su ritmo de respiración algo más normal.

Su Amo se agacha, tras ella, toquetea su sexo, vuelve a hacerla extremecer, hasta que alcanza a tantear su clítoris, coloca un anillo, el cuál aprieta hasta dejarlo sujeto, se alza, quedando finalmente a su costado, la chica oye cierto tintineo, el de unas pequeñas cadenas, las cuáles lleva primeramente hacia las pinzas que presionaban sus pezones, aprovecha además para apretarlas un poco más, finalmente lleva el último extremo de la cadena hasta el anillo que permanecía en su clítoris. De esa forma quedaron unidos esos puntos erógenos, aunque... Por ahora el mero hecho de estar unidos no le proporcionaría placer...

Bien... ¿Te encuentras bien? - Ella asiente rapidamente, juntando las piernas para tratar de frotarse, ansiosa de más. Este gesto es reprimido por un firme azote en su trasero. - Quieta, ¿Acaso te mandé yo moverte, lo hice? ¡No!. - Agacha la cabeza. - Lo... Lo siento mi señor, yo... No volverá a pasar, lo prometo...

Huh... Más te vale... - Coge un par de velas, las coloca bajo las cadenas que le colocó a la muchacha, las enciende, la cadena caía hasta casi tocar la llama de las velas, ella lo miró con cierto miedo. - ¿Pero qué...? - Shhh... Silencio, perrita, silencio. - Introduce el dedo anular en su ano, sin más, ella gime ante esa acción, pronto lo retira, comenzando a andar hacia la puerta. - No me demoraré. - Es lo único que dice antes de salir por la puerta.


lunes 2 de febrero de 2009

Juegos de oficina (Tercera parte)


Parte 1.



8:30 de la mañana. Avanza a paso ligero, llega tarde, aunque poco le importa. Sabe de antemano que va a ser despedido, hoy no va trajeado según lo estipulado en ese estúpido convenio, va vestido con unos vaqueros negros de los cuáles prenden cadenas, su típica camiseta reivindicativa y una chupa de cuero con numerosos remaches y parches bordados. Va marcando su paso con sonoros pasos propinados por sus botas las cuales tendrían que ser calificadas como mínimo de portentosas.

- ¿Qué pasa? - Inquirió Bryan al ver cómo se les quedaban mirando. - ¿¡Ah, esto!? - Se señaló las botas, esbozando una tétrica sonrisa. - Botas TNT Ranger de veinte agujeros, puntera de acero, y "sin estrenar".

Cuando Bryan hacía alusión al término "Sin estrenar" quería decir que aún no había abierto cabeza alguna con ellas. Prosiguió su paso hasta llegar al despacho de la que hasta ese mismo momento era su jefa.

- Vaya... Buenos días, Bryan... - Dijo ella, totalmente descolocada ante sus pintas. Definitivamente no se lo esperaba. - ¿Te he dicho alguna vez lo guapos que están los hombres trajeados?

Y nuevamente sentir esa prepotencia y mala hostia en su tono de voz... Y nuevamente esas ganas de alzar la mano y cruzarle la cara sin más... Pero debía contenerse. Tenía preparado algo más bien distinto...

- Toma asiento, Bryan. ¿Sabes por qué te he mandado llamar?

- Sí, señorita, quería qué...

- Señorita Valerie, si no representa ningún inconveniente. - Ataja ella.

- Claro... Señorita Valerie, me mandó llamar para que presentase un formulario el cuál suele tomar unos siete días o para que usted me entienda 40 horas cumplimentar. - Debería de haberse callado ese último comentario, no porque no le fuese a decir todo lo que pensaba, sino porque quería dejarlo para más tarde.

Valerie se puso en pie, su maletín estaba abierto y podía verse a "París", su juguetito predilecto asomar. - Descuide, a pesar de que no esté presente la mitad de las horas o en su defecto me encuentre aquí dándome placer, sé perfectamente por lo que pasáis... - Eso último dejó un tanto perplejo a Bryan, no pensaba que se lo fuese a decir tan claro, a pesar de la mala hostia que llevaba encima le era imposible disimular lo que le atraía esa mujer de perfecta silueta y proporciones. - Ya pero...

- Shh... Ella sonrió de medio lado. - Sé que es duro el observar como paso a vuestro lado, dejándoos sentir unicamente mi embriagadora fragancia, sé que es duro el tener que conformarse con ver mis largas piernas, sé que se os hace duro el mirar como me toco y disfruto mientras que vosotros curráis como unos cabrones... ¿Pero sabes qué...?

- Sorpéndeme...

- Ya no tendrás que sufrir eso nunca más. - Volvió a tomar asiento, flexionando una pierna y colocándola en el borde de la mesa, dejando ver de forma más que clara su ropa interior.

- Lo supuse... ¿Pero sabes qué...? - Se tomó la libertad de tutearla, en esos momento estaba mirando la hora en el móvil, mantenía la cabeza gacha, pero justo cuándo alzó la testa para comenzar a reprochar y mandarla a la mierda fue cuando vió esa más que clara muestra de insinuación. - Ehm... Yo...




Parte 2.


- ¿Qué ibas a decirme, pequeño...? - Dijo sonriente, levantándose y caminando de forma lenta y elegante hasta quedar tras él, recorriendo el pecho del joven con sus delicadas manos hasta que finalmente llegó a su entrepierna, sin darle tiempo de reaccionar aferró su miembro con fuerza, para comprobar su estado. No es necesario matizar que su excitación era más que patente - Me encanta... - Le susurró al oído. - Tal vez te despida de ese puesto... Para otorgarte otro... Pero eso depende de como te portes... - Rió por lo bajo, ella dejó caer su minúscula chaqueta, la dorada plaquita al chocar contra el inmaculado suelo de mármol fue quién advirtió de ello.

Bryan cerró los ojos, sintiendo esa exquisitez destilada en cada uno de los suspiros que exhalaba su superiora. ¿Se estaría tocando...? Ahora mismo libraba una lucha interna, él pretendía joderla, dejarle claro que nadie le mangoneaba... Aunque si primero podía sacarle partido... Tal vez fuese cosa de seguirle el juego. - Y dígame... ¿Qué debería de hacer para ganarme dicho puesto, señorita Valerie...? - Inquirió en un tono de voz bastante lento y pausado, tratando como buenamente podía de mantener la compostura, pues ya sentía como Valerie había desabrochado sus pantalones, introduciendo la mano bajo la ropa interior para sacarle el miembro y comenzar a mover la mano de arriba hacia abajo.

- Tienes madera, chico... Tienes más madera que Ikea. Lo esencial para este puesto es tener... "Predisposición..." - Remarcó con fuerza esa última palabra, sacando la punta de la lengua y trazando sobre su cuello una húmeda senda de saliba la cual fue a morir tras su oreja para una vez allí enseñar los dientes, mordiendo el lóbulo de su subordinado y tirando de el, juguetona. Y creo que eso es algo lo cual ahora mismo no te falta... Aunque no es esa la única aptitud la cual busco y persigo, claro está... - En ese momento Bryan sintió cómo se echaba sobre él, como los pechos de Valerie dibujaban su forma sobre la espalda del excitado joven, el cuál nuevamente mantenía la cabeza gacha, sólo la alzó, buscando algún tipo de respuesta cuando sintió cómo algo aprisionaba sus muñecas.

- ¿Pero qué coño...?

- Shhh... Tranquilízate, guapito... - Dijo volviendo a depositar la cinta adhesiva sobre la mesa, sonriente. - Si realmente veo que puedes ser útil para este puesto... Tal vez te dé posibilidad de... "Expresarte..." Antes de nada quiero ver hasta como de alto puedes "apuntar", ya sabes, hay que ser ambicioso...

Bryan flipaba. Así de simple. - "Ya lo único que le queda es vestirse de cuero y azotarme." - Pensó para sí, observando cómo ella volvía a tomar asiento en su amplio y por supuesto comodísimo sillón, colocando ambas piernas flexionadas, descansando sus rojos zapatos de charol sobre el filo de la mesa.

- Bryan, querido... Quiero presentarte a París, un buen amigo mío... - En ese momento fue cuándo sacó del maletín su vibrador, dedicándole al pobre Bryan una sensual mirada para posteriormente abrir su camiseta ligeramente, habiendo desabrochado algún que otro botón, pasando el instrumento entre sus pechos, encorvándose al hacerlo, siguiendo rozándose con el... Lo pasó por su ingle antes de adentrarlo ligeramente en su vagina, alzando la mirada... Esta mordiendose el labio inferior, ese carnoso labio que tanto anhelaba morder el becario...

- "Esto ya ha llegado demasiado lejos..." - Pensaba Bryan mientras trataba de librarse de la cinta adhesiva con la cuál había sido sujeto a la silla. Miró de forma fugaz hacia la derecha, todos los empleados de esa planta estaban pegados -metaforicamente aunque algunos casi de forma literal.- a las translúcidas mamparas que dejaban ver con claridad esa sugerente posición adoptada por su jefa. La excitación lo poseía... Sinceramente en otra situación hubiese temido rasgar su ropa, por suerte ya con anterioridad este obstáculo fue salvado, Valeria sonrió una vez vió elevarse su miembro y asomarse incluso tras la mesa, era increíble lo que había conseguido, ni él mismo pensó nunca que podría llegar a excitarse y empalmarse de semejante manera... En cierto modo, y muy a su pesar, la situación le gustaba... Aunque podía ser mejorable, y no iba a ser marioneta de una zorra consentida. Para aquel entonces ya había introducido a París casi por completo en su interior, lo sacaba de forma regular, lo dejaba vibrando con violencia sobre su clítoris, haciéndola estremecer, llevaba entre tanto la mano libre, abría sus labios... Dejando ver ese rosado paraíso repleto de ese rocío tan preciado para algunos... Introducía sus dedos anular y corazón para posteriormente lamerlos emulando que lamía otra cosa... Y el pobre hasta la fecha subordinado, no podía más que asistir impotente... O eso le hacía creer...

Ya practicamente se había deshecho de toda esa ingente cantidad de cinta adhesiva, la verdad es que no le fue del todo difícil. Estaba deseando darle una lección a esa perra con collar de diamantes y aires de grandeza... Ella volvió a mirar hacia sus empleados, sonriente... Le ponía que se la imaginasen así, más aún viendo a Bryan "Sin nada que hacer"... Valerie cerró los ojos, introduciendo a París en su interior completamente, emitiendo un sonoro gemido el cual traspasó su despacho, llegando con claridad a todos sus empleados. Tenía los ojos cerrados y no hacía más que gemir como una loca, descontrolada, aferrando con la otra mano su pecho, con fuerza, pellizcándose el pezón.

"Crack"

Un sonido un tanto extraño se oyó, pero poca importancia le dió, siguió a lo suyo, con párpados caídos, al borde del orgasmo, cuándo de pronto sintió una presencia tras ella, una mano aferró su muñeca, retirándola de golpe, oyéndose un posterior metálico ruído al caer París al suelo. - Sólo hay algo que joda más que el que te dejen a medias... - Susurró Bryan al oído de su jefa. - Que te dejen a punto... - Dejó oír una ruín carcajada, acompañada de una sonrisa que destilaba mezquindad; ahora, era su turno...




Parte 3.



- Bryan... Detente... - Bryan no alcanzó a distinguir si la entonación era de miedo o por el contrario de excitación, poco le importaba. Avanzó hasta una esquina, estirándose hasta alcanzar a colocar sobre una estantería una pequeña cámara, algo de lo cuál Val -obviamente.- no se percató. Se retiró unos pasos antes de propinar una brusca patada a su sillón, algo lo cuál la hizo salir por los aires casi literalmente, más que nada fue el acto reflejo para no comerse el filo del escritorio, total, que al final acabósemiempotrada en el escritorio, tal y cómo Bryan esperaba. Pronto un sonido un tanto particular rasgó el aire, acabando en una sonora "caricia" en el trasero de Valerie. - ¿¡Pero qué coño te crees qué...!? - Zas, otro nuevo azote de mano de su cinturón acalló su protesta. - Cállate, zorra...

Bryan estaba totalmente fuera de sí, su excitación aumentaba a medida que pensaba en cómo humillar a la persona la cuál en tantísimas ocasiones había jugado y degradado a sus compañeros de trabajo. Antes de seguir con su "maléfico" plan secercionó de dejar bien atadas sus manos con cinta americana, la cuál trajo a propósito. Colocó su erecto miembro sobre el cóccix de Val, dejándola sentir toda su excitación. - Vaya vaya vaya... Dime, ¿Qué podría hacer contigo, huh...? - Inquirió, paseando ambas manos por su trasero, dejando notar como una de estas aún aferrada el cinturón.

Finalmente y tras meditarlo unos segundos Valerie se aventuró a responder - Bueno ya que... - Zas. Ese sonido comenzaba a hacerse habitual para ella, una nueva caricia sobre su piel la cuál enrojecida parecía ansiar más. - Perdona, creo que no me expresé con la suficiente claridad pero... ¿Quién te dió permiso para hablar, pequeña...? - Dijo mientras se retiraba, dando unas cuantas vueltas alrededor del despacho, pensativo, ambas manos manteniéndolas en la espalda, moviendo el cinturón de un lado a otro, acompasando ese movimiento de vaivén con el de sus lentos y medidos pasos. Una vez quedó frente a ella se subió en la mesa, quedando de rodillas, extendiendo la diestra para aferrar el cabello de la que fue despótica leona y ahora era humillada minina. - Creo que mientras que me lo pienso vas a hacer algo lo cuál seguramente se te de muy bien y hasta te guste, ya puedes empezar. - Tras ver como su silencio -Forzado o no.- otorgaba vió complacido como volvía a degradarse, abriendo esos lujuriosos labios y tomando su miembro por la punta. Rodeó su glande con los labios, dejándole sentir una deliciosa presión la cuál le hizo alzar la testa, excitado a más no poder.

Bryan sentía como todos y cada uno de esos lametones los cuáles parecía propinarle de buen agrado no hacían más que acercarle al más delicioso, puro y destilado placer que jamás hubiese podido sentir. - Se te da bien esto, perra... Muy bien... ¿Y si finalmente fuese yo quién te contratase, huh...? - Ella frunció el ceño, furiosa, sacando el miembro de su boca y haciendo amago de replicar, gesto el cuál fue censurado de mano de un nuevo tirón de su suave, lisa y lacia cabellera. - Perdona pero creo que... No te he entendido... ¿Ibas a decir algo...? - En contra de todo pronóstico, lo que ella hizo no fue otra cosa más que morderse el labio inferior y volver a introducir el miembro de Bryan en su boca, parece ser que su nueva táctica consistía en hacer que se corriese en el menor tiempo posible para que así la dejase en paz pues la efusividad que dedicó en esta ocasión era especialmente alta.

- Como te iba diciendo... - Decía con voz melosa mientras acariciaba su cabeza, cómo si de un perro se tratase. Lo cierto es que al tipo este le ponía bastante el echo de tenerla dominada, de degradarla, de humillarla... Y el caso es que a ella no parecía descontentarle, aunque eso es algo lo cuál probaría en un rato. - ... Creo que una buena forma de ofrecer un aliciente a tus trabajadores... - Volvió a girar la cabeza, sonriente, contemplando complacido como toda la oficina se mantenía espectante, hasta empleados de otras plantas habían bajado llamados por los sms de sus compañeros. - Sería el ver como eres follada... Y no sólo eso, sino como disfrutas con ello... - Sonrió de medio lado, retirándose y aprovechando así para descansar ya que a ese ritmo no tardaría mucho más en correrse, cosa la cuál no quería aún. Se acercó despacio a la puerta, tomando el pomo con la diestra, haciendo amago de girarlo.

- ¡No por fav...! - Cerró la boca, demasiado tarde... - Vaya... Creía haberte dicho algo relacionado con tus permisos, perrita... - Dijo volviendo a aferrar el cinturón. Ésta se encogió como acto reflejo, aunque lo cierto es que no llegó a sentirlo. Puso en pie el sillón el cuál tiró con anterioridad, acercándose a la mesa y revisando varios informes y apuntes. Así es qué... ¡Oh, vaya, pero qué es esto...! - Sonrió con picardía, hundiendo dos dedos en su dilatada vagina, algo lo cuál le hizo gemir inevitablemente. Bryan sonrió, acercando el rostro a su trasero, mordisqueándolo y bajando un poco más hasta alcanzar a contemplar su sexo. - Ponte a cuatro patas. - Ella obedeció sin más. - Así es que... Vaya, no sabía que esto te gustase... Creí incluso que era más bien al contrario, pero esto... Cambia las cosas... - Hacía alusión, obviamente a los flujos los cuáles su vagina no paraba de segregar. Tras retirar la mano bañados en ellos e introducirse uno de esos dedos en la boca llevó los restantes hasta la boquita de Valerie, haciéndoselo tragar "forzosamente"

- Qué, ¿Está bueno, verdad...?

- La verdad es que... ¡Ahhhh...! - Un grito desgarrador hizo temblar la sala. - ¡QUIÉN TE DIÓ PERMISO PARA HABLAR, PERRA! - Había introducido su miembro por completo en su ano, de golpe y porrazo, algo lo cuál le sorprendió aunque no por ello desagradó en exceso, tardó relativamente poco en acostumbrarse a las violentas penetraciones las cuáles comenzó a procurarle, aferrándola en todo momento de los tobillos para evitar que se desplazase en exceso a lo largo de la mesa. Llevó la mano libre hasta su sexo, buscando su clítoris y presionándolo con un par de dedos para comenzar a frotarlo con suma rapidez. Su vagina no paraba de expulsar flujos, se contraía ya de forma peligrosa, buena o mala señal según se mirase, el caso es que ella volvió a dar un grito algo más destacado a los demás.

Las penetraciones se habían endurecido más aún si cabían, en todas y cada una de ellas Bryan se sentía poderoso, se sentía dominar a la domadora. - Tal vez te gustaría que hiciese pasar a los empleados... Y que todos y cada uno de ellos se fuesen corriendo ante ti... Sí, seguro que es algo lo cuál te agradaría... Sé que disfrutas excitándolos, zorra... Disfrutas sabiendo que no tienen nada que hacer, y que lo saben... Pero mira por dónde esta vez no todo salió como tú esperabas... - Respiraba entrecortadamente, su ritmo cardíaco había aumentado hasta máximos y no se demoraría mucho más.

- Eso no... Tómame, dómame... Pero no hagas eso, es... Demasiado... Yo... - Respondía entre gemidos, al borde del éxtasis.

- Has sido mala... Muy mala... - Volvió a embestirla con fuerza, el sudor perlaba la piel de ambos, purificándola, Bryan observaba y sentía como tras cada penetración las puertas del cielo se le iban abriendo hasta que finalmente dejó escapar un gemido bastante más destacado que los demás, corriéndose en el interior de la aún atada Valerie, la cuál se mantuvo espectante.

- Va... Bryan, sólo un poco que casi... ¿Pero qué...? - La atónita mirada de Valerie constractaba enormemente con la cruel mirada de Bryan, el cuál ya procedía a subirse los pantalones. - Antes no te dije la verdad. Hay una cosa más jodida que el que te dejen a punto, ver como el otro llega, y se niega a hacer que tú lo imites. - Le guiñó un ojo, cogiendo el mismo el contrato y rompiéndolo delante de las narices, dejando sobre la mesa el rollo de cinta americana.

- ¡Bryan maldita sea haz algo no me dejes así...! - Este quedó frente a la puerta, pensativo. - Bueno... Tal vez... Sí que pueda hacer algo... ¿Quieres correrte, verdad pequeña...?

- ¡Sí! - Respondió exhaltada.

- Y para ello, cómo bien me has demostrado no te importa... Por qué pasar, ¿No es así...? - Ella asintió energicamente, frotando sus muslos para darse un placer el cuál en esos momentos le era insuficiente. - De acuerdo... ¡Oh, se me olvidaba algo! - Dijo volviendo a la misma estantería dónde dejó la videocámara. - Confío encarecidamente en que no despidas a ninguno de tus trabajadores nunca más.

Tras eso abrió la puerta y ladeó el rostro energicamente hacia ambos lados con el único propósito de retirarse el pelo de la cara. - Chicos, podéis pasar.




Esa fue la última vez que se supo algo de Bryan. A los dos días llegó por mensajería un paquete sin remitente el cuál no contenía otra cosa que la copia original de la grabación de ese día. La copia era virgen, sin estrenar, no había sido grabada, junto a ella se adjuntaba una única nota en la cuál explicaba que unicamente la utilizó a modo de represión para que no pusiese ningún tipo de impedimento ante la ola de becarios que se le vendría encima, aunque lo cierto era que teniendo en cuenta que podría haberlo evitado ya que ese chantaje realmente no lo era pues no existía tal copia, el hecho resultaba aún más humillante y degradante.


 


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Relatos DS V.2.1