Ayer aprendí algo más. Lo aprendimos ambos, de algo que podría tacharse de monótono y rutinario surgió algo grandioso y como mínimo prodigioso: Un pensamiento, una idea, un menester, un servidor, y una nueva forma de cumplir cierto cometido.
Ocurrió ni más ni menos que tras la tormenta. La calma que precedía a la tormenta parecía en esta ocasión tornar de forma contraria y opuesta, siendo tras esa tormenta de sudorosos y hambrientos cuerpos, que consumiéndose acción tras acción, abrazo tras abrazo, caricias que evocaban al delirio y embestidas las cuáles propiciaban al más dulce y preciado éxtasis... Cuando llegaría la calma.
Minutos antes era imposible imaginar una palabra dulce, una caricia relativamente delicada, un tacto lleno de mimo, pero el diálogo con su compañera le evocó a nuevas formas y métodos. No siempre el fin justifica los medios, eso es lo que ahora piensa, maldiciendo su largo tiempo de equivocación y fiel seguimiento a las numerosas tesis basadas en lo empírico. ¿Por qué no dejar fluir algo más de espirituísmo, algo más de alma...?
No son meras fuerzas lo que se han de dejar tras cada encuentro con la persona amada... Es parte de ti, es parte de tu alma. Son mudos gestos con lo que decir lo que en primera estancia palabras no pueden, y en última estancia dónde ya los besos pierden sentido y carecen de fuerza y voluntad para expresar todo ese amor...
- Mañana, querida, todo será diferente, al fin comprendí algo, largo tiempo me llevo no comprenderlo, pues miento de forma ruín si afirmo que lo acabo de comprender, simplemente quiero hacerte ver mi otra faceta, mi verdadera faceta... No todo se basa en valores banales tales como pueden ser la resistencia, los atributos de los que uno disponga o las veces que servidor alcance a hacerte llegar al clímax. Eso es banal, es indiferente, no es valioso. Lo que acabo de tomar en cuenta sí que lo es.
Mañana no te trataré como una mera sumisa, no te trataré con el más mínimo ápice de diferencia, inferiormente hablando. Porque he comprendido que a la hora de la verdad, he de hacerte sentir como mi princesa, como mi reina, como todo lo que eres, mi ser, mi espíritu, mi parte de alma. Dejemos pues, vida mía, que no sean dos almas las que se fundan en actos plagados de amor, deseo y pasión, sino que sea una única, quien bañe a los dos de ese codiciado, y al fin, tras tanta reflexión, portentoso y magnífico sentimiento desprendido de hacer algo tan bello como tu ser, como nuestra relación... Como hacer el amor.
lunes 28 de septiembre de 2009
En Cuerpo y Alma
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