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lunes 15 de febrero de 2010

Tributo

La luz es ténue, débil, pero aún así es suficiente como para poder vislumbrar con mediana claridad la perfección que se apodera de lo que ante mi y -Presumiblemente.- para mi yace: La perfección personificada. Cuán bello... Cuán frágil... Cuán hermoso... Muchos son los calificativos que podrían ceñirse a tan magno evento como representa el asistir a la presencia de la desnudez de tu cuerpo...





Pero pocos, muy pocos, al del inimaginable e inconmensurable acto de poder notar su calidez, poder sentir su cercanía, poder probar su sabor, su textura... Por dónde podría yo empezar a describir lo que para muchos sería una mera y afrodisíaca estampa con la que yo, sin embargo tendría para escribir cientos y cientos de líneas dedicados a esa efímera y bella imagen.


Generalizando, cabe destacar la tersura y desmesurada suavidad de la que su piel es propietaria, el cariño que destila tu ser en cada caricia, el afecto que dejas sentir, centímetro a centímetro, cada vez que nuestras pieles se rozan, produciendo esa reacción ya por ti conocida, que de diversas formas puede manifestarse: Bien basándose en una forma más bien agresiva e inquisitiva, con el fin de abarcar más de lo que esas caricias me propician de por sí, o bien a modo de resignación, como dando a entender una especie de amago de rendición, momento en el que para mi desgracia tus caricias, gestos e insinuaciones se vuelven más patentes y para más inri ya a esas alturas mi dañado y mermado autocontrol no harían más que intensificar los efectos que tú buscas producir, bien para hacerte desear, bien para buscar un final, bien para quién sabe qué, pero siempre, absolutamente siempre, disfrutando de la transición de una intención a otra.


En esos momentos, empiezo por perderme en uno de los más idílicos lugares que tu cuerpo me brinda: Tus labios. Su siempre dulce y cálido roce me evade y ayuda a olvidar, cada beso es como para un enfermo terminal una bocanada de aire, un soplo de vida, un instante más el cuál recordar por siempre, para guardarlo en la posteridad, para luchar contra quienes banalizan el echo de besar a su pareja, compañerx o lo que sea. Es la mejor droga, consigue el mejor efectos de todos y además es libre de azúcar y nicotina. Su único defecto, los efectos secundarios...







Pese a no llevar los componentes propios y normales de las drogas comunes -Legales o no.-, es sin ningún género de dudas la más adictiva, la más buscada, la más deseada. Y no hablamos de la "dama blanca", sino de la Dama Negra, a la que egoistamente -Y tal vez falsamente.- considero como mía, no como propia, sino como mía. Mi luz y mi sombra, mi calma y mi tempestad...


Es impensable aplacar la soledad que, acrecentada por la ausencia de esos mismos besos invade a servidor sin recordar cada instante vivido, añorando y anhelando su próxima repetición...



Sinceramente, pretendía hacer de eso un texto bonito, y la razón por la que no seguiré es que solo, unica y exclusivamente me vale a modo de apertura, de la nueva apertura de la web, pues el domino caducó. Cada vez que leo mis viejos escritos me doy cuenta de lo patéticos que son, aunque bien mirado eso significa que evoluciono en mi lírica, de modo qué... Tendré que recuperar el espíritu de antaño y escribir lo máximo posible.

 


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Relatos DS V.2.1